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  • Comida Callejera Guatemala

    Desde que en el mundo nos reconocen como “el país de la eterna primavera” y “la granja de las Américas”, sabemos que Guatemala es una tierra privilegiada. Tenemos una enorme variedad de frutas, verduras, especias y productos que nuestra maravillosa tierra nos regala durante todo el año. A esto debemos sumar una cultura gastronómica heredada de nuestros ancestros mayas, que con el paso de los siglos se mezcló con ingredientes, técnicas y costumbres traídas por los españoles durante la Conquista.

    Pero creo que hay algo todavía más importante que todo esto: nuestra gente.

    Porque una receta puede tener exactamente los mismos ingredientes y, sin embargo, nunca saber igual en dos casas distintas. Cada familia, cada cocinera, cada vendedor de mercado y cada puesto de la calle tiene ese toque especial que no aparece escrito en ningún recetario. Una cucharadita de más, otra de menos, un poquito de esto, otro poquito de aquello y, sobre todo, muchos años de tradición que han pasado de generación en generación.

    De allí nace buena parte de la enorme riqueza de nuestra gastronomía.

    Y dentro de ella hay algo que a mí particularmente me encanta: la comida callejera guatemalteca.

    La encontramos prácticamente en cualquier rincón del país. Puede ser en un mercado, en una pequeña tienda de barrio, en una carreta, afuera de un colegio, en una feria, junto a una iglesia, en la carretera rumbo a algún pueblo o simplemente en una esquina donde alguien decidió colocar una mesa, una olla y empezar a cocinar.

    Muchas veces ni siquiera necesitamos verla. Primero llega el olor.

    Vamos manejando o caminando y de pronto sentimos ese aroma a tortilla recién salida del comal, a carne asándose, a atol caliente, a churros recién fritos o a alguna salsa que inmediatamente hace que volvamos la mirada. En cuestión de segundos ya estamos buscando de dónde viene.

    Y si a eso le agregamos el tradicional “cantadito” de muchos vendedores anunciando lo que tienen para ofrecer, ya estamos perdidos.

    Porque la comida callejera no es solamente comida. Es parte de nuestra cultura, de nuestros recuerdos y de nuestra vida cotidiana. Es salir del colegio y comerse un shuco con los amigos; ir a una feria y comprar churros; detenerse en la carretera por un atol de elote; pasar por el mercado y no resistirse a una tostada, una enchilada o un rellenito.

    Muchos de estos sabores nos acompañan desde niños.

    También tienen algo maravilloso: nos igualan. Alrededor de un puesto callejero puede estar comiendo el ejecutivo que acaba de salir de una reunión, el estudiante, el trabajador, una familia completa o el turista que acaba de descubrir algo que para nosotros ha sido normal toda la vida. Allí todos hacemos lo mismo: buscamos un espacio, pedimos lo que queremos y disfrutamos.

    Quizás por eso la comida callejera tiene un sabor tan especial.

    Hace algunos años tuve la oportunidad de dedicar un libro completo a este tema, fotografiando, investigando y escribiendo sobre muchos de esos platillos que forman parte de nuestra vida. Al volver a leerlo, me di cuenta de que muchas de esas historias siguen exactamente allí, vivas en nuestras calles, mercados y pueblos.

    Para este artículo escogí solamente cuatro.

    Podrían ser veinte, cincuenta o cien, porque Guatemala tiene comida callejera para escribir varios libros. Pero estos cuatro platillos son una pequeña muestra de esa extraordinaria mezcla de tradición, sabor, creatividad y sencillez que caracteriza nuestra cocina.

    Así que si alguno de ellos logra hacerte recordar un momento, un lugar o simplemente provoca que se te haga agua la boca, habremos cumplido el objetivo.

    Porque hablar de comida guatemalteca es también hablar de nosotros.

    Y ahora sí… vamos a comer.


    Enchiladas:

    Las comidas callejeras de Guatemala son verdaderos deleites, y creo que el premio mayor se lo lleva esa tostada con una montañita de ingredientes que, solo con verla, ya nos hace agua la boca.

    Comerse una enchilada es como pasar al siguiente nivel del sabor.

    La base principal es el curtido de remolacha, con ese tradicional color corinto tan característico, sobre el cual se acomoda la carne picada de cerdo o res, bien sazonada. Este pequeño volcancito de sabor descansa sobre una hoja de lechuga que cubre la deliciosa tostada de maíz, y todo termina coronado con una cucharadita de salsa casera de tomate, una rodaja de huevo duro, aros de cebolla, queso duro y perejil picado.

    Solo de describirla ya se antoja.

    ¿Qué más puede pedírsele a la vida?

    Se dice que la enchilada es una mezcla de tradiciones que se remonta al tiempo de la Colonia. Desde hace muchísimos años, los guatemaltecos la encontramos en mercados, ferias y puestos de comida callejera de todo el país.

    Y aunque parece sencillo comérsela, también tiene su ciencia.

    Hay que tomarla con cuidado, calcular bien el primer mordisco y encontrar el ángulo perfecto para evitar que esa maravillosa montañita de ingredientes termine en el plato, en la camisa o, peor aún, en el suelo.

    Porque una cosa es cierta: cuando uno se come una buena enchilada guatemalteca, no quiere que se desperdicie ni una pizca de semejante delicia.


    Elote Loco

    El maíz fue uno de los principales alimentos de nuestros antepasados y, hasta el día de hoy, todos los guatemaltecos seguimos disfrutando de este grano básico de nuestra canasta familiar. Lo preparamos y comemos de muchísimas formas, y creo que podemos estar de acuerdo en algo: todas son absolutamente deliciosas.

    En la naturaleza, los granos de maíz se encuentran en lo que llamamos elote o mazorca, que ancestralmente hemos comido cocido y asado. Ahora bien, cuando a ese elote cocido le agregamos mayonesa, mostaza y kétchup, sucede la magia: se convierte en nuestro famoso elote loco.

    Cuenta una leyenda urbana que, en algún momento de nuestra historia, el nieto de una abuelita estaba aburrido de comer siempre el elote cocido de la misma forma y, durante un almuerzo familiar, decidió agregarle mayonesa, mostaza y kétchup. Cuando la abuelita vio semejante desfachatez, exclamó: “¡Juanito, eres un loco!, ¡cómo haces eso!”. A lo que Juanito respondió: “Es mi elote, pero es un elote loco”.

    Y así, según cuenta la historia, nació esta genial ocurrencia que hasta el día de hoy seguimos disfrutando.

    A partir de esa versión aderezada del elote se han creado muchas otras variantes, porque aquí la creatividad y el gusto personal son el límite. Hay quienes le agregan queso duro, chile, más mayonesa, menos mostaza o cualquier otro toque especial que lo haga todavía más sabroso.

    ¿Dónde puedes comer un elote loco? Muy fácil: prácticamente en cualquier mercado, feria o puesto de comida callejera de Guatemala. Y, por supuesto, también puedes prepararlo fácilmente en casa.

    Eso sí, el elote loco tiene un secreto importante: utilizar un buen elote criollo de Guatemala y cocerlo durante el tiempo exacto, para conseguir esa textura y consistencia maravillosa que lo hace tan especial.

    El elote asado también tiene sus fanáticos, y con toda razón.

    Su preparación no puede ser más sencilla: se coloca el elote sobre el fuego hasta que sus granos estén bien tostados, algunos incluso negritos, y luego se le agrega sal y limón. Nada más.

    Y allí está precisamente la maravilla.

    Quien lo sirve normalmente lo entrega sobre una de las mismas hojas de la mazorca, acompañado de un puñito de sal y medio limón para que cada quien le dé su toque final.

    Pocas cosas tan sencillas pueden tener tanto sabor.


    Rellenitos de platáno

    ¡Uno de los postres preferidos de Guatemala!

    He escuchado a muchas personas decir que la combinación del plátano con el frijol dulce es uno de los sabores más espléndidos que hay, y estoy totalmente de acuerdo con esa conclusión.

    El verdadero nombre de este postre debería ser rellenitos de frijol, pero por alguna razón les decimos rellenitos de plátano. Así somos los chapines.

    El toque final del sabor varía de familia en familia, porque cada quien le pone al frijol un poco más o un poco menos de dulce. Para mí, uno de los grandes secretos está en el plátano: debe estar muy, muy maduro para lograr esa textura suave y ese sabor perfecto que buscamos en un buen rellenito.

    En los puestos callejeros de casi cualquier mercado los encontramos. Y como en casa no se preparan tan seguido, cuando uno se topa con una venta de rellenitos cuesta mucho seguir de largo sin comprar aunque sea uno.

    O dos.

    La receta tradicional es el rellenito de plátano con frijol, pero también existen los rellenos de manjar… sí, así se llaman: “rellenitos de plátano de manjar”.

    Así somos de maravillosos los chapines con nuestra forma de hablar, de cocinar y hasta de bautizar nuestros platillos.

    Y qué bueno, porque nombres aparte, pocas combinaciones tan sencillas logran un sabor tan extraordinario.


    Shucos

    Desde que tengo memoria, los shucos existen en nuestra bella Guatemala.

    Hace aproximadamente treinta y cinco años, al salir del colegio, no había nada más emocionante que ir a comer uno de esos deliciosos panes con salchicha y guacamol. En casi cualquier esquina de las zonas más concurridas de la capital encontrabas una carreta de shucos, y bastaba sentir el olor para saber que estabas cerca.

    Cuenta una historia popular, de la generación anterior a la mía, que los primeros shucos se vendieron en las afueras del Colegio Liceo Guatemala. Su nombre, según dicen, nació precisamente porque se preparaban en la calle, en carretas y fogones improvisados, en medio del humo de los autos y camionetas. Así que, siendo un poco exagerados, podríamos decir que hasta el smog era parte de los ingredientes.

    De allí viene la historia de que las mamás de los alumnos los regañaban diciéndoles que esa comida era “shuca”, es decir, poco higiénica.

    Lo curioso es que, años después, muchas de esas mismas mamás terminaron convirtiéndose en buenas clientes de los shucos.

    Y de boca en boca, aquel sencillo pan callejero se fue transformando en uno de los grandes clásicos de nuestra comida chapina.

    Hoy todavía se venden en el lugar donde, según cuenta la tradición, nacieron. Solo que aquellas pocas carretas se multiplicaron y ahora hay miles por todo el país. Eso sí, hoy encontramos puestos mucho mejor presentados y con más higiene, aunque el humo, el sonido de la plancha y la preparación frente a nuestros ojos siguen siendo parte de ese toque especial que hace que un shuco realmente se sienta como un shuco.

    ¿Cómo sabes que estás llegando a una carreta?

    Muy fácil.

    Si vas por la calle y de pronto ves a alguien con bata azul que te señala con una mano y con la otra parece preguntarte cuántos panes quieres, ya estás cerca. Y si unos metros después ves una carreta azul, el humo saliendo de la parrilla y a alguien untando generosamente guacamol sobre el pan, no hay duda: llegaste.

    Desde los años sesenta era común encontrarlos a la salida de los cines, en las ferias y en distintos puntos de la ciudad, incluso durante la madrugada. En aquella época costaban unos cuantos centavos. Hoy cuestan bastante más, como todo en la vida, pero el gusto de comerse uno sigue siendo exactamente el mismo.

    Porque un shuco no es solamente un pan con salchicha, guacamol, repollo y salsas.

    Es calle, humo, amigos, colegio, madrugada y Guatemala.

    Y quizás allí está su verdadero sabor.


    Descarga gratuita del libro

    Si disfrutaste este artículo, quiero compartir contigo el libro completo Comida Callejera de Guatemala, publicado originalmente en 2020.

    Aunque en la edición original aparece la prohibición de reproducción y distribución sin autorización, D’buk Editors autoriza expresamente la descarga y distribución gratuita de este PDF, siempre que la obra se mantenga completa, sin modificaciones y no sea utilizada con fines comerciales.

    Puedes descargarlo gratuitamente aquí:


    DESCARGA EL LIBRO EN PDF:https://u.pcloud.link/publink/show?code=XZv4o4JZW7PO88Om7ABT5SXRcYuHiVI5axL7


    No tienes que pagar nada por él.

    También puedes apoyar muchísimo a mostrar nuestra maravillosa gastronomía compartiendo este artículo con más chapines, tanto con quienes viven en Guatemala como con quienes están en el extranjero.

    Y, por supuesto, compártelo también con tus amigos de otros países, con esos a quienes quieras presumirles un poquito nuestra cultura, nuestras tradiciones y todo lo delicioso que tiene Guatemala.

    ¡Qué viva Guatemala!




  • SIMIGUA

    Sistema Integrado de Movilidad Inteligente para Guatemala


    Todos los que vivimos en la ciudad de Guatemala sabemos lo que es perder horas al día en el tráfico, y el desgaste que eso provoca en nuestra salud física y mental, entre otras cosas. Lo asumimos como normal, pero no lo es. Esta propuesta parte de una idea simple: gran parte de ese caos se puede ordenar sin esperar obras millonarias, usando datos reales, tecnología y organización.

    La propuesta se basa en ordenar el tráfico de Guatemala mediante datos reales, algoritmos de optimización, tecnología, incentivos y control vehicular. El objetivo es reducir una parte de la congestión vehicular sin necesidad inmediata de infraestructura millonaria, mientras se prepara el camino para un sistema de transporte masivo como el metro, circuito de anillos de carreteras, etc.

    El objetivo principal de este documento es poner sobre la mesa estas ideas, para abrir la mente de quienes están en el medio y quizás de las autoridades. Es mi granito de arena a este tema. Si alguna de estas ideas resulta poco funcional, y de seguro habrá sus «peros», no importa: ojalá sirva para que alguien con mejores ideas las lleve más lejos.

    Índice:

    1. App de movilidad, censo total y asignación de rutas.
    2.  Sistema continuo de monitoreo aéreo con drones.
    3.  Cámaras 360 grados, con IA, ubicadas en todas las intersecciones más importantes de la capital: son el apoyo a los drones.
    4. Sensores terrestres de velocidad y flujo.
    5. Horarios escalonados por tipo de usuario.
    6. Ciclovías funcionales e incentivos a la movilidad alternativa.
    7. Fortalecimiento del transporte público existente.
    8. Eliminación del uso del vehículo particular para llevar niños al colegio.
    9. Ajuste laboral e impulso al teletrabajo.
    10. Control mecánico y seguridad vehicular.
    11. Nosotros los humanos.
    12. Conclusión.

    1. App de movilidad, censo total y asignación de rutas.


    Se desarrolla e implementa una plataforma web y una App de primer nivel, desarrolladas específicamente para este sistema, en la que se registran aproximadamente 1,300,000 vehículos que circulan diariamente en la ciudad capital (automóviles, motocicletas, transporte escolar, transporte pesado, entre otros), así como aquellos que ingresan de forma periódica a la ciudad. El registro constituye la base del sistema de movilidad y se construye por fases, hasta alcanzar la cobertura total.

    La plataforma opera de forma automática mediante algoritmos de optimización e inteligencia artificial, integrando información proveniente de cámaras fijas inteligentes, drones de monitoreo aéreo y sensores terrestres, entre otras fuentes. Esta combinación permite capturar datos reales y continuos del tráfico, procesarlos en tiempo real y utilizarlos para la planificación, asignación y ajuste dinámico de rutas. Cada conductor se registra y llena un cuestionario digital con:

    • Dónde vive y dónde trabaja: de dónde sale el carro, no el conductor. Si el carro lo usan 2 personas, la App lo sabe, ya que se preguntó en el registro del vehículo.

    • Horarios aproximados de salida y regreso.

    • Actividades usuales del día (colegio, mandados, etc.).

    • Número de ocupantes.

    • Tipo de vehículo y todo lo relacionado con el carro.

    • Condición laboral (trabajador, independiente, jubilado, etc.).

    • Flexibilidad de horario: si el conductor puede ajustar su hora de salida cuando el sistema lo requiera.

    La unidad básica del sistema es el vehículo, no la persona. Cada vehículo circula con la App activa, ligada al carro y no a quien lo maneja. Esto es clave: al no rastrear personas, sino vehículos, baja la resistencia natural del chapín a sentirse vigilado.

    La implementación se apoya en dos motores: una campaña publicitaria de primer nivel y un hecho innegable: el guatemalteco ya está harto del tráfico y del desgaste que le provoca. Cuando el sistema demuestre que le ahorra tiempo y estrés, la gente lo va a querer usar y probar.

    Se propone una implementación por fases:

    • Fase 1: registro voluntario con incentivos.

    • Fase 2: registro obligatorio para nuevos permisos.

    • Fase 3: obligatoriedad total.

    La App y la plataforma web tendrán un diseño amigable, rápido y fluido, fácil de usar para cualquier persona.

    Estructura de movilidad de la APP:

    A. Con anticipación, una semana, dos días o incluso una hora antes, el usuario reserva su espacio para circular a través de la App, indicando los destinos a los que se moverá durante el día. Mientras más anticipa, mejor ruta y horario obtiene. Si deja todo para última hora, es posible que su ruta ya esté en capacidad máxima y deba esperar o ajustar su salida. Los servicios de emergencia, ambulancias, bomberos, policía y otros, quedan siempre registrados con prioridad.

    Cada ruta opera con una capacidad máxima definida; al alcanzarla, el sistema deja de asignar nuevos vehículos a esa vía y los redirige a otras.

    B. A cada usuario se le asigna la ruta que debe seguir para llegar del punto A al punto B.

    C. La App le indica al piloto, en tiempo real, los cambios de ruta que conviene seguir: reasigna rutas si hay un incidente y ajusta los destinos secundarios (mandados) sobre la marcha.

    D. A quien no reserve antes de salir, la App le sugiere la mejor hora de salida y su ruta.

    Nota: Con sentido común, esto es mil veces mejor que lo de hoy, donde todos salimos a ciegas a la misma hora a chocar contra el mismo tráfico.

    Incentivos y reglas. Habrá incentivos reales para quienes aprendan a usar la App y sigan las instrucciones. Quien respete las rutas asignadas acumula puntos y, a fin de mes, recibe su premio (quizás gasolina gratis). Por supuesto, el sistema se acompaña de un reglamento claro.

    La app:

    • No se rastrea a la persona.

    • No se vende información.

    • Uso exclusivo para movilidad.

    Esto baja la resistencia de los chapines: es el carro el que está ligado a la App, no la persona. El sistema sabe cómo se mueven los vehículos por la ciudad, pero no quién va manejando ni a dónde va cada quien. Con la información recopilada a través del registro de vehículos y sus patrones de uso, el sistema construye el mapa de movilidad más completo y preciso en la historia del país, basado en datos reales y actualizados de circulación diaria. Este mapa clasifica la movilidad por zonas de origen y destino, franjas horarias, tipos de actividad y tipología de vehículo, permitiendo comprender con exactitud cómo, cuándo y por dónde se desplaza la ciudad.

    A partir de esta base de datos, el sistema procesa la información mediante algoritmos de optimización y modelos de inteligencia artificial, que analizan la capacidad real de cada ruta y su comportamiento histórico. Con ello, se asignan rutas específicas a grupos de vehículos con características similares, distribuyendo los flujos de tránsito de manera equilibrada entre las distintas vías disponibles.

    Este proceso permite evitar saturaciones, reducir cruces conflictivos y minimizar las colisiones de horarios en puntos críticos de la red vial. En lugar de que todos los vehículos converjan simultáneamente en las mismas rutas y horas, el sistema ordena la circulación de forma anticipada, manteniendo el tráfico dentro de los límites operativos de cada vía y logrando un desplazamiento más fluido, predecible y eficiente para toda la ciudad.

    2. Sistema continuo de monitoreo aéreo con drones.


    Como complemento a las cámaras y sensores, en las horas pico opera una flota de drones autónomos que sobrevuela las principales calles y avenidas de cada una de las 22 zonas de la ciudad. Su ruta de vuelo es predefinida y automática, y el sistema gestiona incluso el relevo de un dron por otro cuando se agota la batería. (No se sobrevuela el aeropuerto ni sus áreas aledañas).

    Cómo opera la flota:

    • Alrededor de 3 a 4 drones por zona, más uno de respaldo. Si hay más presupuesto, se agregan más.

    • Cada dron opera por turnos limitados de batería; al agotarse, baja a su estación, se carga automáticamente y otro dron toma su lugar sin interrumpir la cobertura.

    • Cada zona cuenta con su propia estación de carga y relevo.

    ¿Para qué sirven?

    • Monitorean el tráfico en tiempo real y detectan accidentes, saturaciones o bloqueos.

    • Envían la información directamente al sistema central, permitiendo corregir rutas antes de que un incidente se convierta en colapso.

    • Alimentan de datos a la app: a partir de lo que captan los drones, el usuario ve en el mapa el estado real del tráfico —fluidez por colores, velocidad promedio y alertas—, no las imágenes en vivo, protegiendo así la privacidad de todos.

    • Funcionan como “ojos aéreos” permanentes —una sala de control moderna que se perfecciona y aprende día a día.

    Las rutas de vuelo son predefinidas y solo se ajustan bajo autorización del sistema, nunca de forma manual por un usuario.

    3. Cámaras 360 grados, con IA, ubicadas en todas las intersecciones más importantes de la capital


    Son el apoyo fijo a los drones. Se instalan en postes creados para el efecto, a por lo menos 15 metros de altura, y cubren de forma permanente los cruces más críticos de la ciudad. A partir de lo que captan, la App muestra al usuario el estado del tráfico en cada intersección, no las imágenes en vivo, con el mismo criterio de privacidad del resto del sistema.

    La diferencia con los drones es clara:

    • Cámaras = observación fija y continua.

    • Drones = observación móvil y adaptable.

    ¿Por qué a 15 metros de altura?

    • Reduce el vandalismo.

    • Amplía el campo visual.

    • Minimiza las obstrucciones por buses y camiones.

    ¿Por qué con IA?

    • Cuenta vehículos y detecta congestión automáticamente.

    • Analiza sola lo que necesita, sin que ningún usuario pueda manipularla.

    • Da redundancia al sistema: si un dron no está operativo, la cámara cubre esa zona; si una cámara falla, el dron la complementa.

    Entre las cámaras fijas y los drones móviles, el sistema nunca queda ciego en los puntos clave de la ciudad.

    4. Sensores terrestres de velocidad y flujo


    En las principales calles y avenidas de la capital, o en todas, idealmente, se instala una red de sensores terrestres para medir la velocidad real del tráfico. Es tecnología de uso común, probada y ampliamente utilizada en ciudades grandes del mundo; lo que hay que hacer es desplegarla de forma extensa y conectar sus datos a la App mediante un algoritmo que refleje el tráfico REAL de la ciudad.

    Sus ventajas:

    • Alta confiabilidad: mide la velocidad real, sin depender de reportes humanos.

    • Medición continua y de alta frecuencia, alimentando datos al sistema las 24 horas.

    • El usuario no interactúa con el sensor: los cables alimentan la información y la App la entrega ya procesada.

    • Generan series históricas que permiten comparar la velocidad real por horario y por día.

    Por qué son la base más sólida del sistema:

    Los sensores le dan resiliencia a todo el modelo. Si fallan los drones o las cámaras, los cables siguen midiendo, y el sistema nunca queda ciego. Además, son los que hacen viable el verdadero “tráfico en tiempo real”: cruzando su información con el resto de los datos de la App, el sistema distingue algo que a simple vista se ve igual, pero es opuesto: si una calle está sin movimiento porque está vacía, o porque está totalmente congestionada.

    Complementan así a cámaras y drones, cerrando el círculo de un sistema que se observa a sí mismo desde el aire, desde las intersecciones y desde el propio asfalto.

    5. Horarios escalonados por tipo de usuario


    Para evitar que todos los vehículos circulen a la misma hora y así reducir la sobrecarga de la red vial, el sistema establece ventanas horarias diferenciadas por tipo de usuario y de vehículo. Esto transforma el flujo vehicular de un esquema caótico y reactivo a uno ordenado, predecible y manejable.

    Las ventanas son rangos de tiempo amplios y flexibles, asignados al vehículo y no a la persona, lo que da estabilidad aunque un mismo carro lo usen distintos conductores. Cada vehículo queda clasificado según su función principal, y el sistema le asigna automáticamente la ventana que le corresponde.

    Ejemplo de esquema para la hora pico de la mañana:

    • Transporte pesado y buses extraurbanos: 4:00 – 6:00 a. m.

    • Transporte escolar y colegios: 6:00 – 7:00 a. m.

    • Trabajadores formales y actividades laborales regulares: 8:00 – 10:00 a. m.

    • Personas sin horario fijo, mandados y actividades no recurrentes: 10:00 a. m. —1:00 p. m.

    Por la tarde, el esquema se repite con ajustes que dan más flexibilidad y absorben las variaciones del cierre de actividades laborales, escolares y comerciales.

    La App controla de forma centralizada la asignación, notificación y validación de estos horarios. Le informa al conductor su ventana autorizada, propone ajustes cuando una ruta está comprometida y permite reprogramar dentro de los márgenes definidos, siempre según la disponibilidad real de la red. Y como siempre, hay puntos y beneficios para quien usa bien el sistema.

    Así se elimina la concentración de vehículos en las mismas horas y rutas, se reducen los picos de congestión y la movilidad se vuelve un proceso ordenado y anticipado, donde cada vehículo circula dentro de un marco claro de capacidad.

    Resumen: Los puntos 1 al 5 son los ojos y el cerebro del sistema.

    Juntos, estos cinco componentes conforman la infraestructura de captura de datos reales de la ciudad. Entre la App de registro vehicular, los drones, las cámaras 360° con IA en las intersecciones clave y los sensores terrestres, se obtiene una visión continua, objetiva y actualizada del tráfico real.

    Toda esa información se transmite de forma permanente a la plataforma central, donde los algoritmos de optimización e inteligencia artificial analizan el flujo vehicular, la capacidad de las rutas, las ventanas horarias y los patrones históricos. Con eso, el sistema genera alternativas viables y reparte el tránsito de forma equilibrada, evitando saturaciones, cruces conflictivos y choques de horario. No será perfecta, pero cada día lo será más, con la ayuda de los guatemaltecos.

    En este esquema, la App es el centro operativo y el principal canal con el usuario. Su función es:

    • Mostrarle a cada quien la ruta asignada del punto A al punto B.

    • Enviar cambios de ruta en tiempo real según el estado de la red.

    • Validar las ventanas horarias de cada vehículo.

    • Recibir reportes de los usuarios que complementen la información.

    • Ofrecer incentivos por buenas prácticas de movilidad.

    Si un día circulan, por ejemplo, 500,000 vehículos registrados, todos reciben instrucciones claras, dinámicas y personalizadas, basadas en el análisis del tráfico minuto a minuto y en proyecciones anticipadas. Así la ciudad pasa de un esquema reactivo y caótico a un sistema inteligente de movilidad, donde cada decisión se basa en datos reales, capacidad operativa y planificación previa.

    6. Ciclovías funcionales e incentivos a la movilidad alternativa


    Como complemento al sistema integral de gestión vehicular, se impulsa una estrategia paralela de movilidad alternativa, orientada a reducir la cantidad de vehículos en circulación, especialmente en trayectos cortos y medianos. Para ello, se habilitan ciclovías funcionales y seguras en zonas con condiciones favorables, tales como las zonas 1, 2, 8, 9, 10, 13 y 14 de la capital, donde en muchos tramos el carril central puede convertirse en ciclovía. (En las partes de montaña de nuestra Guate, se pueden usar bicicletas eléctricas).

    Estas ciclovías no se conciben como infraestructura simbólica o recreativa, sino como corredores reales de transporte, que conectan áreas residenciales con centros de trabajo, estudio y servicios. Su trazado prioriza continuidad, iluminación, cruces bien definidos y, algo esencial en nuestra realidad, seguridad: ciclovías vigiladas y bien iluminadas, no solo líneas pintadas en el asfalto. Sin esa condición, ningún guatemalteco va a dejar el carro por la bici, y con razón.

    Conviene ser realistas: por nuestra topografía de subidas y bajadas y por la temporada de lluvia, la movilidad alternativa rinde más en las zonas planas y en ciertos meses del año. Por eso es un complemento valioso del sistema, no su columna central. Aun así, si logra migrar aunque sea una parte de los trayectos cortos hacia la bici, la patineta o la caminata, ya alivia la presión sobre la red vial.

    El esquema se complementa con incentivos económicos gestionados desde la App para quienes decidan dejar el vehículo en casa: descuentos, beneficios fiscales, acumulación de puntos, acceso preferencial a servicios y recompensas por buenas prácticas, fomentando un cambio gradual y voluntario de hábitos.

    Y como visión a futuro, vale la pena imaginar el desarrollo de una carretera aérea para bicicletas y patinetas eléctricas en corredores estratégicos de alta demanda, una infraestructura elevada que separe por completo la movilidad ligera del tráfico vehicular, ganando seguridad y velocidad en las zonas más densas. En China ya existe un tramo así. No es para la primera fase, pero muestra hacia dónde puede crecer la ciudad.

    7. Fortalecimiento del transporte público existente.


    No es la parte más nueva del plan, pero sí una de las más imprescindibles: sin un transporte público digno, nada de lo demás termina de funcionar.

    Como paso previo a los sistemas de transporte masivo de gran escala, como el metro, se plantea fortalecer y modernizar el transporte público que ya existe, para ofrecer una alternativa real, confiable y digna al vehículo particular. Se trata de optimizar lo que hay, corrigiendo deficiencias históricas y elevando los estándares de operación, seguridad y eficiencia. Sus ejes:

    • Seguridad del pasajero ante todo. En nuestra realidad, la gente no deja el carro por miedo a viajar en bus. Un servicio vigilado, seguro y digno es la condición número uno para que las personas vuelvan al transporte público.

    • Incremento y redistribución de unidades, ajustando la flota a la demanda real por zonas y horarios, para evitar saturaciones y esperas excesivas.

    • Buses modernos y supervisados, con controles operativos, mantenimiento adecuado y condiciones mínimas de comodidad.

    • Operación regulada y puntual, con horarios definidos, rutas cumplidas y supervisión constante por medios tecnológicos.

    • Conexiones eficientes entre zonas, con transbordos planificados que reduzcan tiempos muertos e integren el transporte público al esquema general de movilidad.

    • Plataforma de pago unificada, un solo medio de pago para los distintos servicios, simplificando el acceso.

    Hay que ser claros: esta es una transformación de fondo, no un ajuste rápido. Cuesta tiempo, inversión y voluntad para enfrentar deficiencias históricas. Pero sin ella, la gente nunca tendrá una razón de peso para bajarse del carro.

    8. Menos carros al colegio: un sistema de buses escolares de verdad.


    Una amiga, pierde cuatro horas al día llevando y trayendo a sus hijos del colegio. Cuatro horas. Multiplica eso por miles de familias haciendo lo mismo, a la misma hora, por las mismas calles, y tenés una de las mayores causas del caos de la mañana en la ciudad.

    Por eso se plantea reducir de forma progresiva el uso del vehículo particular para llevar niños al colegio, sustituyéndolo por un sistema de buses escolares regulados, seguros y modernos. Lo que hoy se gasta en gasolina se paga en el bus, y encima la familia se ahorra el desgaste del carro, el estrés y, sobre todo, recupera tiempo de vida.

    Pero seamos honestos sobre lo que de verdad frena esta idea: ningún papá entrega a su hijo a un bus en el que no confía, y con toda la razón. Por eso la seguridad no puede ser una promesa vaga, sino el corazón del sistema:

    • Un adulto monitor en cada bus, además del piloto.

    • Control de quién sube y quién baja en cada parada.

    • GPS en tiempo real que los papás siguen desde la App, viendo dónde va su hijo en todo momento.

    • Pilotos y monitores identificados, capacitados y supervisados.

    Con esa confianza garantizada, el resto se acomoda: buses con rutas definidas, paradas establecidas, horarios puntuales y control operativo permanente, todo integrado a la app. Y buses de calidad, modernos, cómodos y dignos, no las unidades destartaladas de siempre, para que subirse a ellos sea algo bueno y no un bajón.

    La tarifa se diseña justa y accesible, procurando que sea igual o incluso menor a lo que hoy cuesta el vehículo particular entre gasolina, desgaste y tiempo perdido. Así, la transición no le cuesta más a la familia: le optimiza los recursos y le devuelve horas.

    9. Ajuste de horarios laborales e impulso al teletrabajo.


    Como medida complementaria para aliviar la presión sobre las calles en las horas de mayor congestión, se propone un ajuste progresivo de los horarios laborales y el impulso al teletrabajo parcial, sobre todo en sectores donde la presencia física no se necesita todos los días.

    El ajuste de horarios busca correr una parte de la demanda vehicular fuera del pico tradicional, tomando como referencia flexible:

    • Entrada laboral general: 10:00 a. m.

    • Salida laboral general: 6:00 p. m.

    Esto conecta directamente con las ventanas de circulación del punto 5: si la entrada general es a las 10, el trabajador circula en la franja previa, descomprimiendo la mañana sin amontonarse con el transporte escolar ni el de carga. Es un horario de referencia, no una camisa de fuerza —ciertos sectores como la industria, el comercio de apertura temprana o los servicios esenciales mantienen sus propios horarios.

    En paralelo, se promueve el teletrabajo parcial para reducir viajes innecesarios, especialmente en actividades administrativas, profesionales y de servicios. Para animar a las empresas a adoptar esquemas híbridos, se plantean incentivos: beneficios fiscales, reconocimientos e incluso ventajas dentro del propio sistema de movilidad.

    El objetivo no es imponer una sola forma de trabajar, sino flexibilizar la estructura laboral de la ciudad para que calce con una movilidad más eficiente y una mejor calidad de vida. Menos desplazamientos diarios significa menos carga sobre las calles y un sistema más sostenible en su conjunto. Y ojo: es parcial a propósito —ni todos los días ni para todos los puestos—, justamente para no vaciar los centros de trabajo ni desarmar la vida económica de la ciudad.

    Un punto muy nuestro: en Guatemala el mediodía es casi un tercer pico, por la gente que sale a almorzar fuera, va a casa o hace mandados. No se trata de regular la hora de almuerzo, eso es terreno sagrado, sino de que, con más teletrabajo y horarios escalonados, ese pico del mediodía se descomprime por sí solo.

    10. Control mecánico y seguridad vehicular


    Este es, para mí, uno de los puntos más subestimados de todos. Mientras todos hablamos de apps y tecnología, pocos ven una causa diaria y evitable del caos: los vehículos y buses varados por fallas mecánicas. Un solo carro descompuesto en una vía clave, a la hora pico, colapsa kilómetros de tráfico y afecta a miles de personas. Ocurre todos los días, y ningún sistema inteligente, por avanzado que sea, puede optimizar una calle que un bus varado acaba de tapar.

    Ahora bien, seamos claros en algo, porque aquí es fácil malentender: el problema no es el carro viejo, es el carro en mal estado. Un vehículo de 25 años bien cuidado es más seguro que uno de 5 años abandonado. Por eso el criterio no es la edad, sino la condición mecánica y la seguridad:

    • Revisión técnica periódica para todos los vehículos, enfocada en lo que de verdad importa: frenos, dirección, llantas, luces —lo que causa varadas y accidentes.

    • Un carro con años, pero en buen estado, sigue circulando sin problema. Lo que se corrige es el riesgo real, no la antigüedad en sí.

    • Atención especial a buses y transporte pesado, porque su falla es la que más caos genera cuando quedan atravesados en plena vía.

    Y algo esencial para que esto sea justo: quien maneja un carro viejo suele ser quien menos recursos tiene. Por eso una medida así no puede solo quitar, tiene que apoyar. Debe venir de la mano de un transporte público digno (punto 7), de facilidades y apoyos para quien necesite poner su vehículo a punto o cambiarlo, y de un período de transición razonable. No se trata de castigar a nadie, sino de que las calles sean más seguras y fluidas para todos.

    11. Nosotros, los humanos

    No cabe duda de que este debería ser el punto número uno, y que todos los guatemaltecos debemos tomar conciencia de que conducir un vehículo es, muchas veces, una necesidad importante para el desarrollo de nuestras vidas. Por lo tanto, debemos tomárnoslo muy en serio y hacerlo de una forma ordenada, respetuosa y siguiendo la ley. Hay mucho que escribir sobre este tema, pero cada uno sabe lo que es correcto e incorrecto y, como bien dijo Benito Juárez: «El respeto al derecho ajeno es la paz». Manejemos con cero egoísmo, pensando en el prójimo, en el de la par, en el peatón, en tu familia; y con esto y los demás puntos, todos juntos podremos hacer de Guatemala un mejor país para una conducción segura, en paz y con tranquilidad.

    12. Conclusión – SIMIGUA


    Voy a ser honesto con lo que sueño. El escenario ideal para algo así sería un líder de país recto, con un equipo cero corrupto, ministros, alcaldes, todos jalando parejo, con empresas subcontratadas que caminen con esa misma transparencia y con la visión de sostener el proyecto más allá de un período de gobierno. Con eso, SIMIGUA no solo funciona: transforma Guatemala.

    Pero seamos claros, con los pies en la tierra: ese líder perfecto es, quizás, más difícil de conseguir que toda la tecnología de esta propuesta junta. Y justo por eso, lo más importante que quiero decir es esto: este sistema no debería depender de que aparezca un salvador. Su verdadera fuerza es que se puede armar por pedazos. Un alcalde honesto puede escalonar horarios en su municipio. Un colegio puede montar sus buses. Un ministerio puede sacar más rápido los carros parados. Ninguna de esas piezas necesita al líder perfecto: solo necesita gente decente haciendo bien su parte.

    Esta inquietud no es nueva para mí. Allá por el año 2004, durante el gobierno del presidente Óscar Berger, tuve la oportunidad de presentarle, después de seis meses esperando la cita, una idea que hoy el mundo conoce como Waze: un sistema que mostraba el tráfico de la ciudad en tiempo real mediante algoritmos, solo que en aquel entonces no existían los teléfonos inteligentes, así que lo imaginábamos en un aparato dedicado dentro del carro, como una pequeña televisión. Para explicarlo, llevé hasta una maqueta, que armé con la ayuda de un gran amigo, ingeniero electrónico de los buenos. El presidente escuchó y le pareció muy interesante. No pasó de ahí, pero el tiempo terminó dándole la razón a la idea: hoy medio mundo usa exactamente eso en su celular.

    A veces las buenas ideas están ahí, mucho antes de que el país esté listo para tomarlas. Ojalá con SIMIGUA no tengamos que esperar otros veinte años.

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  • La bomba perfecta: El Shute, el gritón + el chismoso

    Confieso que a mis 57 años, después de cientos de almuerzos, desayunos y cafés fuera de mi casa, siento la necesidad de escribir sobre algo que me tiene entre divertido y preocupado: la facilidad con que la gente habla sobre su vida, o la ajena, casi a gritos, en plena mesa de restaurante o hablando por celular, sin el menor cuidado de quién está a la par.

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    Y ojo, no es que uno o la gente sea metiche. El problema es el volumen. Mucha gente habla tan recio que es prácticamente imposible no enterarse del pleito, del secreto, del lío, del chisme político o de esa noticia que «nadie debía saber». En un restaurante la mesa de al lado está a no más de dos metros, y la acústica muchas veces ayuda a que todo se oiga todavía más. Sumale que aquí abundamos los chapines con la oreja parada, y ya sabemos cómo termina esto.

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    Porque Guatemala es un pañuelo. Aquí todo el mundo conoce a alguien que te conoce, y esa persona que está gritando su divorcio en la mesa de al lado probablemente está a un solo shute de distancia de vos. Lo que se grita hoy, mañana puede andar circulando en tu propia familia, o círculo de amigos. Y no es solo dicho popular: los estudios lo confirman. Stanley Milgram (1933–1984), psicólogo social estadounidense popularizó hace décadas la idea de que estamos conectados por pocos intermediarios; ya en este siglo, un análisis de Microsoft sobre 30 mil millones de conversaciones encontró un promedio de 6.6 grados de separación, y otro de Facebook, con 721 millones de usuarios, lo bajó a 4.74 grados. O sea: uno habla de alguien y, más seguido de lo que se cree, resulta que ese alguien conoce a alguien que te conoce a vos. Por eso, en público, mejor bajarle al volumen cuando hablamos de la vida tuya, ajena o de quien sea. Aunque lo mejor es no hablar de nadie o como bien dice el dicho, no “pelar a nadie” si no está al frente.
    (Nota: Un grado es un amigo en común; dos, el amigo de un amigo. 6.6 es, en promedio, la cadena de conocidos que te separa de cualquier persona en el mundo)

    Y no lo digo en teoría. Va con ejemplos, todos muy recientes

    Hace poco llegué a desayunar a un restaurante donde las mesas están separadas por una tabla de madera; en la práctica, uno queda a un metro de la espalda del de atrás. Me senté, pedí, y al rato, sin la más mínima intención de escuchar, me fue imposible no oír cómo dos hijas le reclamaban a su mamá que ella, a sus 60 años, «ya no debía meterse» en sus vidas ni aconsejarlas sobre su futuro, ya que no había estado casi nunca en su niñez. La señora, con la voz quebrada, trataba de explicarles lo duro que le había tocado sacarlas adelante trabajando más de doce horas al día. Ellas no parecían entenderlo. Y de pronto la madre cambió de tema: que la casa que estaban por vender no había que contársela al otro hijo (medio hermano), para que quedara solo entre ellas. Dijeron el nombre del muchacho. Resultó ser amigo del amigo con quien yo estaba comiendo. Comprometedor, y da pena, la verdad, oír cómo se sueltan al aire estas cosas en público.

    En otra ocasión, igual de reciente, un empresario hablaba por celular mientras esperaba a alguien. Se soltó a contar, con lujo de detalle, el despido de un compañero de trabajo y el porqué. Como lo que decía era fuerte, nos dio la espalda a todos… solo que al voltearse se oía todavía más. En resumen: media clientela nos enteramos de que «fulanito», de tal empresa, había sido despedido por un problema de amores. Mencionó nombres, así, abiertamente. Éramos como cinco mesas escuchando, y aunque algunos disimulábamos, ya se veía a la gente comentando entre sí. Imposible no poner atención a semejante volumen.

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    Y como para cerrar la escalada: la última vez sí me levanté. Le dije con toda cortesía a la señora de la mesa de enfrente que todos en el restaurante estábamos oyendo su videollamada, y que tal vez le convenía bajarle un poco o ponerse audífonos, para ser más discreta.

    Aquí ya escucho a más de alguno diciéndome: «el shute sos vos». Y lo entiendo. Pero hagamos la distinción, que es justo el punto: escuchar sin querer no es lo mismo que chismear. Oír es inevitable; repetir, ya es decisión de cada quien… seguro que a mas de uno que lea este artículo, se ha dado cuenta de esto.

    Porque al final, la bomba perfecta para que una noticia camine en Guate más rápido que la luz es sencilla: juntá a un shute con un gritón, sumále un chismoso… y la mecha ya está encendida. Así que, mi querido chapín, bajémosle un poquito al volumen. Nunca se sabe quién está a un solo shute de distancia.



  • Cuando una civilización elige desaparecer

    Crónica de una extinción anunciada

    En una galaxia muy lejana, existía un planeta llamado Beex, en el cual habitaba la primera generación de humanos, en quienes Dios había sembrado la primera semilla de fe y esperanza… una especie que trascendiera a lo que Él creía serían su imagen y semejanza… es decir bondad pura, amor puro, apoyo a los demás, seres de compasión y por supuesto, cero corrupción.

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    Lo que Dios permitió fue que, por amor, esa especie creada a su imagen y semejanza eligiera por sí misma… porque sin libertad no hay amor verdadero.

    Fue precisamente en ese libre albedrío donde el ser humano comenzó a desviarse, no por un error divino, sino por decisiones propias. Decisiones que, con el paso del tiempo, lo llevaron no solo a destruir un planeta completo, Beex, sino incluso a desperdiciar una segunda oportunidad. Un mundo llamado Planeta Tierra, lleno de especies maravillosas, animales, árboles, flores, que también fue arrasado, junto con millones de vidas humanas, no por ausencia de bondad en la creación, sino por el uso equivocado de la libertad concedida.

    No por ingenuidad ni error, sino por amor y respeto absoluto a la libertad humana. El planeta Tierra fue entregado como la obra más hermosa, lleno de vida, colores y equilibrio, para que el ser humano eligiera construir y cuidar con orgullo su hogar. Sin embargo, una vez más, no fue Dios quien falló, sino el uso que el hombre hizo de su libertad. Y así, para el año 2050, el ser humano terminó destruyendo también ese segundo y último planeta que se le confió. 

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    ¿Cómo logró el ser humano destruir este segundo planeta? La historia, aunque muchos la quieran presentar como compleja, no lo es. Es, en realidad, profundamente sencilla. Los humanos siempre supieron lo que iba a ocurrir, pero no lograron, o no quisieron, detener esa inercia. Así, para el año 2050, desapareció la última especie de seres vivos que habitaba la Tierra. Y sí… incluso las cucarachas. 

    El final no fue repentino ni inesperado; fue el resultado de miles de años de decisiones conscientes que se fueron acumulando hasta volver inevitable el desastre.

    Pero Dios, que todo lo sabe, no dejó de sembrar esperanza. Miles de años antes del desenlace final, alrededor del año 2500 a. C., cuando las primeras pirámides de Egipto se alzaban hacia el cielo, permitió que llegara a la Tierra un pequeño grupo de familias procedentes de Beex. No eran dioses ni alienígenas, sino seres humanos adelantados, portadores de la sabiduría, la fe y el conocimiento que Dios había cultivado en su mundo. Eran una semilla viva: hombres y mujeres preparados para recordar a la humanidad el camino, antes de que Beex sucumbiera por completo.


    Su misión era simple y sagrada: enseñar a la nueva humanidad el equilibrio entre la creación y la conciencia. Ayudaron a levantar templos, a observar las estrellas y a comprender que la verdadera grandeza no estaba en intentar alcanzar el cielo, piedra sobre piedra, ni en el poder sobre otros, sino en la pureza interior. Sin embargo, una vez más, el ser humano olvidó las enseñanzas de Dios, de Jesús y de tantos otros seres iluminados que intentaron guiarlo. Y aquello que comenzó como luz, terminó apagándose por completo en el año 2050.

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    ¿Cómo lo lograron? Repitiendo exactamente los mismos errores que ya habían destruido a Beex. La corrupción no es un fenómeno nuevo ni moderno; acompaña a la humanidad desde la antigüedad. Durante el reinado de Ramsés IX (alrededor del año 1100 a. C.) ya se documenta uno de los primeros casos conocidos: un funcionario denunció ante el faraón a otro que se había asociado con profanadores de tumbas para enriquecerse ilegalmente. Aquello no fue una excepción, sino el inicio de una larga y repetida historia. En nombre del poder, la riqueza y del supuesto bien común, muchos seres humanos volvieron a desperdiciar la segunda oportunidad que Dios les había concedido, haciendo que millones de personas buenas, que solo querían vivir en paz, pagaran un precio que jamás les correspondió.

    Antes del final, hubo al menos un ser humano que no se resignó al silencio. Visionario, lleno de fe y movido por el deseo de advertir a futuras generaciones, quizá por inspiración divina, quizá por un susurro que solo reciben quienes escuchan con el corazón, logró enviar al espacio un registro de lo que había ocurrido en la Tierra. En enero de 2050, poco antes del desenlace, dejó guardado un testimonio que cruzaría el tiempo y la distancia. Desde mi planeta Otiuq, a varios años luz de la Tierra, pude captar esa señal y acceder a su contenido: millones de casos de corrupción documentados uno tras otro, como un catálogo implacable de todo lo que salió mal. Abuso de poder, guerras provocadas por ambición, acuerdos oscuros repetidos en todos los continentes. Pero lo más impactante era constatar cómo muchos seres humanos, plenamente conscientes de sus actos, construyeron fortunas basadas en el engaño, mientras convencían a millones de buenas personas de que todo lo habían conseguido de manera honrada.

    Hijos que crecieron escuchando a sus padres hablar de negocios ilícitos. Redes de personas corruptas que se fueron encadenando una tras otra, hasta formar una espiral creciente que nadie quiso y pudo detener. Muchos prefirieron mirar hacia otro lado, porque ellos mismos también eran corruptos: eran descendientes, por milenios, de aquellos primeros pobladores. La sangre de Beex se había esparcido por todo el planeta y, con ella, la costumbre de justificar lo injustificable. Fue esa indiferencia, más que la ignorancia, la que terminó de escribir, una vez más, el destino de la Tierra: en el año señalado, no fue un desastre natural ni un castigo divino lo que acabó con la humanidad, sino la corrupción. (Más adelante les contaré cómo fue destruida la Tierra).

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    Hoy, cincuenta años después, desde mi planeta Otiuq, el último al que Dios envió un segundo grupo para repoblar y enseñar, he decidido compartir esta valiosa información que me llegó. No como advertencia lejana, sino como un acto de responsabilidad. Intentaré mostrar a los líderes de este mundo que la corrupción, tarde o temprano, alcanza a todos: de una forma u otra termina tocando a las familias, a los seres queridos y a las bases mismas de la convivencia, hasta volverse imparable.

    Yo no estoy fuera de este “juego”. Soy parte de él, al igual que cada persona que lea este documento, ya sean quienes eligieron el mal o quienes se consideran buenos. Porque una de las verdades más duras que revelaba aquel testimonio es que también los seres humanos que no hicieron nada al ver la corrupción, los que callaron, los que miraron hacia otro lado, pudieron haber cambiado el futuro de la humanidad con un solo acto: involucrarse.

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    El testimonio enviado desde la Tierra concluye con más de un millón de casos de corrupción registrados a lo largo de los últimos siglos. Pero no solo eso. También documenta miles de historias de hombres y mujeres que fueron tentados una y otra vez con sobornos y propuestas deshonestas, y que, aun así, se mantuvieron firmes y dijeron que no. Eran seres humanos con principios sólidos, capaces de perder dinero, poder o privilegios antes que traicionar sus valores. Por eso, quienes analizaron esa información, y yo coincido con ellos, concluyeron algo fundamental: la raza humana todavía tiene una oportunidad.



    JL Samayoa (email: jl@samayoa.art)

  • Mi forma de cuidarme y vivir con más calma: hábitos que me han servido en estos últimos años


    Aunque muchos ya conocemos gran parte de estos puntos, quise poner por escrito mis recomendaciones personales, basadas únicamente en lo que a mí me ha servido. Son cosas que, honestamente, me hubiera gustado empezar a aplicar desde siempre, o al menos desde mis 30 años. Sin embargo, fue hasta pasados los 50 cuando comencé a hacerlas con conciencia, constancia y humildad…nunca es tarde.

    Hoy, a mis 56 años, puedo decir que ya empiezo a notar mejoras reales, no solo físicas, sino también mentales y espirituales. No escribo esto como experto ni como médico, sino como una persona que, después de muchos años, aprendió a escuchar a su cuerpo, su mente y su espíritu… y lo quise compartir con ustedes.

    Recomendaciones:

    1. Procuro vivir en paz, rezar con fe y pedirle a Dios sabiduría, salud, paz y amor… esto, varias veces al día.
    2. Agradezco todos los días por mis muchas bendiciones y evito expresar pensamientos negativos y que invadan mi mente… (Lo de los pensamientos negativos, es clave y cada día estoy mejorando).
    3. Evito al máximo, aunque cuesta, discutir con nadie y por nada. Me alejo, en la medida de lo posible, de personas tóxicas o que me generan ansiedad y/o estrés.
    4. Intento vivir lo más que puedo en el presente, sin quedarme atrapado en el pasado ni vivir con ansiedad por el futuro.
    5. Me duermo a las 9 pm y procuro dormir entre 7 y 8 horas diarias, manteniendo horarios y rutinas simples.
    6. Me baño con agua caliente por 3 minutos, y luego con agua lo mas fría posible por otros 3 minutos. Siempre, en la medida de lo posible.
    7. Dedico todos los días unos minutos a la respiración consciente, lenta y profunda, para regular mi sistema nervioso.
    8. Limito el uso de pantallas a no más de 6 horas al día y reduzco especialmente el uso del celular, ya que la corta distancia de visión en pantallas, es muy dañina. Nunca uso pantallas con la luz ambiente apagada y evito completamente las pantallas al menos 2 horas antes de dormir.
    9. Disfruto a mis hijos y a mi familia, lo más importante en la vida de muchos.
    10. Practico el ayuno intermitente con constancia, siempre acompañado de una alimentación saludable. Desayuno entre 7 y 8 am, almuerzo entre 1 y 2 pm, no ceno y vuelvo a comer hasta la mañana siguiente.
    11. Evito el azúcar y reduzco el exceso de carbohidratos; como simple. Carne roja, una vez por semana; como mariscos, pavo y cerdo la mayoría de veces, balanceado con frutas y verduras.
    12. Tomo al menos 2 litros de agua al día. Según mi experiencia personal, a uno de esos litros le agrego una cucharadita de sal marina o del Himalaya, de buena calidad, y el jugo de medio limón.
    13. Una dieta por sí sola no sirve para bajar de peso ni para mantenerlo; se requiere constancia, fuerza de voluntad y la aplicación de varios de los puntos de este listado.
    14. Camino por lo menos 2 km diarios, sin falta. Agrego estiramientos, algo de pesas en casa, y meditación.
    15. Después de comer, trato de hacer una caminata suave de 10 a 15 minutos para ayudar a la digestión.
    16. Tomo sol todos los días.
    17. Relaciones sexuales por lo menos una vez a la semana.
    18. Paso tiempo en la naturaleza y, si puedo, camino descalzo sobre tierra o grama para descargar tensión.
    19. Tomo suplementos y vitaminas acorde a mis necesidades personales.
    20. Investigo lo más posible y no tomo como verdad todo lo que se escucha y se mira en las redes.
    21. Cuido mi sistema digestivo, porque la salud digestiva influye directamente en la salud física y emocional. ¡Esto es calve!
    22. No gasto más dinero de lo que me ingresa, y ahorro como mínimo el 30% de mis ingresos, siempre, desde los 18 años.
    23. Leo al menos uno o dos libros al mes, libros que me aporten, me den paz y realmente me gusten.
    24. Evito las noticias negativas, y trato de que sea lo mínimo posible.
    25. No ingiero licor, más que el «trago social», una copa de vino de vez en cuando.
    26. Trato de viajar fuera de Guatemala, por lo menos una vez al año, aunque no me fascina viajar.
    27. Disfruto de mi casa, de la buena compañía de mi esposa.
    28. Trato de hacer todo con orden, disciplina y excelencia… jamás procrastino. Procuro nunca tener pendientes.
    29. Siempre trato de pensar en cosas nuevas, en proyectos que aporten a mi familia, a la sociedad y al país. Antes hablaba mal de Guatemala, ya no lo hago mas y comprendí que es uno de los mejores países del mundo.
    30. Amar a los animales, a todos.
    31. Ayudar/apoyar a las personas que lo necesitan dentro del círculo cercano en el que me muevo.
    32. Nuevamente, doy gracias a Dios y a la vida, todos los días.

    No creo en fórmulas mágicas ni en soluciones rápidas. Creo en el tiempo, en la constancia y en el respeto por el cuerpo y la mente. Estas recomendaciones no buscan perfección, sino orden, conciencia y paz. Cada persona debe adaptarlas a su realidad, a su edad y a su momento de vida.

    Si este texto logra que alguien haga un pequeño cambio, dormir mejor, agradecer más, discutir menos, escuchar su cuerpo o vivir con un poco más de calma, entonces habrá cumplido su propósito.

    Nunca es tarde para empezar. Yo empecé después de los 50… y sigo aprendiendo…

    Feliz año y les deseo un año lleno de salud, paz y sabiduría para tomar buenas decisiones en cada etapa de la vida. Que no falten las oportunidades, los buenos momentos y, sobre todo, la tranquilidad para disfrutar.

    JL Samayoa

    PD. Si alguien quiere que le comparta lo que como diariamente, puede escribirme a: fefe2810@yahoo.com. Solo comparto mi experiencia personal.



  • Memorias de un pañal: mi oficio es aguantar …

    Hoy les cuento una historia muy seria… contada por un pañal

    Les cuento mi historia, recordando que por supuesto fui concebido en una fábrica a muchos kilómetros de distancia de donde hoy me encuentro. Viví mis primeros minutos apilado en una bodega y aún recuerdo las divertidas anécdotas que contaban mis ancestros en sus bolsas. Fui concebido para realizar una tarea importante y viajo feliz a donde me lleven, pero tal vez esos raros seres que se dicen humanos y que se complican la vida por cualquier cosa, no comprendan que voy orgulloso de cumplir con este oficio, con una dignidad y una excelencia que ellos no suelen apreciar. 

    Estemos claros: Mi oficio es aguantar la caca. Trabajo con bebés y ancianos, acurrucando el excremento, la caca, el popó, el orine, el pipí… o como les quieran llamar y conste que lo hago con todo el amor del mundo. Mi orgullo es que nada de lo que les sale por sus orificios inferiores llegue al exterior de su ropa y los ensucie. Soy un aguantador profesional.

    Mis ancestros me enseñaron a estar orgulloso y a hacer mi trabajo con toda pasión, por eso aquel día en el  aeropuerto de Barajas, cuando supe que me usarían durante un largo trayecto en el viaje de la familia López, me sentí muy halagado. Me habían comprado en la bodega de España y fui elegido entre mis hermanos del paquete, para proteger al bebé de la familia.

    Cuando me sacaron de la envoltura, hablaban felices entre ellos y le decían al pequeño humano que se portara bien, que me pondrían a mí y que sería un largo viaje de 10 horas, pero que me cambiarían en cuanto fuera necesario. En ese instante miré a los ojos de una señora de mediana edad, que según entendí se llamaba María y ella me sonrió diciéndome: «Pañalito de mi vida, por favor haz tu mejor esfuerzo y mantén toda la mierda y el pipí bien resguardados».

    Cuando escuché que me hablaron, me sentí orgulloso y me dije a mí mismo: «Finalmente llegó mi día». Y si, así era. Después de salir de la fábrica, esperar más de 200 días en una bodega y después 30 días en el anaquel de un supermercado, por fin María me había comprado junto con mis 11 hermanos y llegaba el momento de servir con todo mis ser. Rápido le contesté a María, pero no me escuchó. Los humanos no escuchan. Lo intenté con fuerzas, pero solo sonrió y me puso con mi parte acolchonada, hecha con precisión, frente a la piel muy suave de un pequeño bebé a quien nunca logré verle la cara, pues lógicamente a mí me toca el lado contrario. Creo que se llamaba José y pensé que María lo quería mucho.

    Mis antepasados en la bodega, contaban historias de los humanos y hablaban de esa piel suave a la que me tocaría proteger por muchas horas, tal y como se nos había encomendado desde hace tantísimos años y que mis tatarabuelos, hechos de un material que llamaban algodon, cumplieron con más trabajo que yo, pero con el mismo amor. El reto es aguantar el bulto con su espantoso olor, para que la mierda no se salga. Claro que puedo con eso y más, ahora somos más fuertes y cumplo la encomienda con total destreza. Solo pensaba que en unas horas mi esfuerzo terminaría y mi objetivo en la vida se habría cumplido. Para eso fui hecho, para servir a los demás. 

    Cinco horas más tarde y entre empujones de otros humanos, entramos a un lugar llamado avión. José estaba inquieto, creo que tenía frío. Yo había estado allá abajo, sin novedad, pero de pronto sentí que su piel se erizaba y que al fin me bañaba con el mencionado líquido calentito y amarillo, que absorbí con orgullo. Aclaro que hay pañales renegados, que no aceptan su tarea con la misma pasión, pero yo nací para servir. Mis antepasados me explicaron que casi siempre atrapar el pipí sería nuestra primera misión en la vida. Me explicaron muchas cosas, pero lo que no me esperaba era que mi misión sería mucho más retadora que la vivida por cualquiera de mis ancestros. No hay pañal en la historia del mundo, que se haya visto retado a cumplir con lo que a mí me tocó. Lo juro, soy un héroe.

    Ilustración: Rolando Ruiz

    Durante un tiempo después del agüita amarilla, José se mantuvo quieto. Estaba seco y cómodo, porque yo guardaba el líquido en mi alma, pero el frío en el avión era cada vez peor y María quiso colaborar dándole algo de comer y por supuesto, más agua. Sentí cómo mis bracitos elásticos se estiraron junto con su pancita y creí saber lo que me esperaba.  En efecto, al poco rato llegó más líquido amarillo hacia mí con la fuerza de una cascada, llenando mi alma. Cada fibra de mi ser estaba conteniendo una avalancha de pipí, tanto que temí rebalsarme. Sin embargo, lo logré y al menos hasta ahí todo iba bien. Descansamos un rato y de nuevo otro chorro potente y caliente recorrió todo mi cuerpo… y no venía solo! La segunda tarea importante estaba en puerta. Salió una gran cantidad de popó, que abracé con la mayor ternura. 

    Ya empezaba a preocuparme, porque recordaba las palabras de María: «“Pañalito de mi vida, debes aguantar muchas horas». Mi reputación de aguantador profesional estaba en juego y ahí estaba yo, aguantando con todas mis fuerzas y logrando mantener a José lo más seco y limpio posible. Mi trabajo estaba tan bien hecho, que a pesar de 2 pipís y un popó muy grande, José dormía contento y solo escuchaba de vez en cuando unos ruiditos con mal olor que llegaban a mí, pero nada que un pañal que se respete no pueda soportar. 

    Pasó un buen rato sin noticias, logré descansar y mantenerlo todo bajo control, cuando de repente sentí cómo otra cascada de agüita amarilla llegaba hacia mí como un tzunami. Llegué a sentir que no podía más, que estaba a punto de colapsar.  Recordaba mi misión, los consejos de mis ancestros y las palabras de María, pero era ella la que no reaccionaba. Soy un profesional, pero no tengo superpoderes. ¡María, somos un equipo! Yo estaba ahí como un soldado de guardia, pero era la hora del relevo y ella no se enteraba. Mis hermanos en la bolsa de pañales clamaban por salir, por cumplir la misión con el mismo sentido del deber, pero María no sacaba ni uno. ¿Qué pasaba? Yo me había despedido de mis hermanos con un ingenuo «hasta pronto». Luché con todas mis fuerzas, me crecí ante la dificultad, pero me sentía traicionado. Estaba a punto de rendirme, el líquido amarillo amenazaba con escaparse y con arrastrar en su aventura al popó. José lloraba, el mal olor comenzaba a molestar a los demás pasajeros y todo era un caos. Al fin María se levantó, pero al cargar a José me presionó con fuerza y ahí sí que no pude más. Mi pudor de pañal educado no me permite contarles los detalles. María me miró agradecida, reconociendo mi esfuerzo. Me decía: “Gracias, gracias pañalito, gracias”. Había sobrecumplido la meta trazada, llevaba más de 6 horas cubriendo el frente y la retaguardia, en puro combate cuerpo a cuerpo. 

    ¡Tengo que decirles que ese fue el momento más significativo en mi vida! Me acordé de las historias en la bodega, los relatos de mis ancestros que habían logrado aguantar heroicamente, pero ninguno como yo. Sabía que mi historia sería reconocida por mucho tiempo. Lo había logrado y estaba listo para dejar a José. Sentí como María con mucho cariño y unos cantos muy bellos, me quitó de José y solo dijo: “Sí que pesas pañalito, gracias”.  

    Pero no crean que ahí termina todo, hay más. María terminó de cambiar al bebé, que ya no lloraba. Estábamos en un espacio muy pequeño, por lo que me hizo a un ladito y yo me quedé tranquilo, esperando que me dieran una despedida honorable. Supongo que María no sabía qué hacer conmigo, porque la escuché decir: “Ni modo, al inodoro” y sin poder reaccionar sentí que volaba y caía en un líquido azuloso y frío. Se escuchó un gran ruido y una fuerte corriente pretendió arrastrarme, pero estaba tan hinchado que me trabé y no hubo manera de pasar al otro lado. Recuerdo haber pensado: «Hasta aquí llegué y este es el final de mi digna trayectoria». Ahí me quedé desmayado por un rato, hasta que entró una de las señoritas que repartía cosas en el avión y con gran asombro dijo:  “Qué es esto, quién ha dejado un pañal aquí, no puede ser”. 

    Yo no entendía lo que pasaba. Luego entraron dos personas más e hicieron unas caras tan terribles que supe que algo no estaba bien, pero comprendí que no era por mi trabajo, sino porque estaba en un lugar que no debía.  Sentí que varias manos tiraban de mí con todas las fuerzas y yo estaba tan atorado que no lograba salir. Solo escuchaba con una voz muy fuerte: «Sal de ahí, sal por favor, que tenemos una fila de gente que quiere usar este baño y aún quedan muchas horas de vuelo». 

    Ilustración: Rolando Ruiz

    Finalmente, poco a poco logré salir hecho pedazos.  Estaba todo de color azul, pero aún abrazaba algo de mi contenido con las pocas fuerzas que me quedaban. Entre gritos de horror me metieron en una bolsa similar a la que me guardó por meses en la bodega y solo escuché que otra vez me daban las gracias. ¡Ha sido un honor, pensé! Ya no tenía fuerzas para responder y además, los humanos no escuchan, por eso no dije nada pero estaba contento y agradecido con el universo por dejarme hacer mi tarea nuevamente, siempre bien hecha pues para eso nací, para llenarme de mierda con felicidad.

    Mientras cerraban la bolsa, escuché por una de las bocinas a alguien que se presentaba como el capitán, y dijo: “Les pido por favor a todos los pasajeros, que los pañales y toallas sanitarias no se depositen en los inodoros, que no están hechos para eso. Somos más de 300 almas a bordo». Todo se oscureció y me quedé tranquilo. Sentía mucho frío, pero la satisfacción de ser un héroe no me la quita nadie. No sé cuántas horas pasaron hasta que volví a ver la luz. ¿Qué está pasando ahora? No importa, para eso soy un aguantador profesional y todo lo hago con pasión.

    *Esta historia realmente sucedió en un vuelo comercial directo de España a Guatemala, el 29 de diciembre del 2022. Estaba muy cerca de la fila donde estaba “la acción”.

  • Chapinismos del alma: lo que somos, lo que decimos, lo que sentimos

    CHAPINISMOS: Se dice de las palabras, expresiones, dichos y refranes que utilizamos los guatemaltecos, los chapines, día a día para comunicarnos entre nosotros. Son esas joyas del habla cotidiana que nos unen, que nos hacen sonreír y que reflejan el corazón de este maravilloso país llamado Guatemala

    La nostalgia guatemalteca, es la que llevamos enraizada en el alma

    ¿Se puede explicar la nostalgia guatemalteca?

    Tal vez. Pero nunca del todo. Porque lo nuestro no es sólo un recuerdo: es un sentir. Un hilo invisible que uno lleva amarrado al pecho, jalando suave, recordándonos quiénes somos aunque estemos a miles de kilómetros o a una cuadra de la casa donde crecimos.

    La nostalgia chapina o chapinismos es un idioma propio. No solo se escribe… se reconoce.

    Aparece en el olor del comal al amanecer, en la risa espontánea de la vecina, en el sonido de una pelota rebotando en el callejón, en el timbre viejo de la escuela, en esa pizarra verde donde aprendimos a dibujar un círculo mal hecho… aparece en casi todo, día a día. Es un sentimiento que nos despierta algo muy íntimo: volver a ser nosotros mismos.

    Y entre todo eso, hay una nostalgia que pesa distinto: la gastronomía.

    Porque la comida guatemalteca no sólo se extraña… se sueña. Hace unos días, mi hija regresó a España después de más de cinco años sin venir. Caminamos, reímos, hablamos de todo, pero lo que más llevaba en la mente, y en el alma, era volver a comer en su Guatemala. Desde su llegada tenía anotado qué platos quería probar, qué restaurantes visitar, qué sabores abrazar de nuevo. Ella ya había escogido su desayuno desde España: huevos estrellados, frijolitos, plátanos, etc.

    Y allí, bajo el sol suave de la mañana, volvió a sentir algo que en otros países no existe: ese sabor que te regresa a casa, a la niñez, a la raíz. Y es que uno no valora del todo nuestras frutas, verduras y comidas hasta que pasa tiempo lejos.

    La nostalgia chapina también está hecha de humor.

    De palabras que sólo nosotros entendemos, de expresiones que no existen en ningún diccionario, de esa forma tan honesta y directa de hablar que para otros puede sonar fuerte, pero para nosotros es cariño puro. Así construimos puentes: con jergas, con risas, con inventos de palabras que sólo funcionan aquí.

    Pero también está hecha de lo nuestro más íntimo:

    De La Antigua con sus calles empedradas que parecen guardar la memoria de todos.

    De los barrancos que abrazan colonias enteras.

    De los mercados donde el sonido de las voces en las ventas, es la música de la mañana.

    Del huevo duro de la refa en la escuela.

    De la burra de la infancia.

    Del olor a tierra mojada de la tormenta  de mayo a septiembre.

    De la luz dorada de noviembre.

    Nostalgia es lo que sentimos cuando alguien dice “Guate” y sabemos que no se refiere a un país: se refiere a nuestra vida.

    Y por eso existe este articulo…

    No para explicar Guatemala, eso sería imposible, sino para tocar el corazón de quien, sin importar dónde esté, sabe que lo chapín se lleva en el alma: alegre, espontáneo, imperfecto, mágico y único.

    Una identidad que no presume, se reconoce… «muchá, aquel que va debajo del arco del triunfo, es de Guate»

    Este es un abrazo para vos, chapín de aquí o de allá, que llevás con orgullo tus palabras, tus historias y tus recuerdos. Un homenaje a tu forma de hablar, a tu forma de sentir y a esa manera tan nuestra de vivir la vida: con huevos, con risa, con ganas, con corazón.

    Porque Guatemala no sólo se extraña. Se siente.

    —

    Y después de hablar de nostalgia, vale la pena recordar que los chapines tenemos palabras mágicas, chapinismos. Expresiones tan nuestras que no necesitan traducción, sólo sentirlas. Son palabras que usamos a diario, que cambian de significado según la entonación, el momento, el gesto o incluso el humor con el que se dicen. Son códigos secretos que nos ayudan a entendernos sin esfuerzo, como si compartiéramos un idioma paralelo: directo, honesto, espontáneo. Dos de esas palabras, que pueden ser cariño, admiración, enojo, burla(en buena onda) o celebración, son parte esencial de nuestra identidad: Cerote y ¡Qué de a huevo!

    Cada una es un universo: dice mucho sin decir tanto. Y sólo un chapín sabe exactamente cuándo usarlas, cómo usarlas… y cómo sentirlas.

    CHAPINISMOS: Se dice de las palabras, expresiones, dichos y refranes que utilizamos los guatemaltecos, los chapines, día a día para comunicarnos entre nosotros. Son esas joyas del habla cotidiana que nos unen, que nos hacen sonreír y que reflejan el corazón de este maravilloso país llamado Guatemala

    CEROTE:

    • Palabra cien por ciento chapina, de esas que nacen en la calle, en la escuela, en la cuadra y en la vida real. Su significado cambia según el tono, la mirada y hasta el paso con el que la decís.
    • Entre cuates, es sinónimo de confianza.

    Ejemplo:

    —Vos cerote… ¡cómo te extrañé, mano!

    • Dicho con alegría, expresa admiración sincera.

    Ejemplo:

    —Terminé el proyecto.

    —¡Cerote, qué nivel!

    • Con una sonrisa pícara, se vuelve complicidad.

    Ejemplo:

    —¿Fuiste vos el que armó el relajo?

    —Cerote… ¿y vos qué creés?

    • Cuando va con ceño fruncido, es reclamo con cariño chapín.

    Ejemplo:

    —No me dejés plantado otra vez, cerote.

    • En tono duro, es un “no fregués” chapín auténtico.

    Ejemplo:

    —¡No seás cerote!

    • Y cuando se dice despacito, con nostalgia, significa amistad de años, de barrio, de historia.

    Ejemplo:

    —Vooos cerote… cuánto tiempo ha pasado.

    • Su raíz literal existe, pero para nosotros es lo de menos: lo importante es que esta palabra es un puente emocional entre chapines; un código que sólo entiende quien nació aquí, creció aquí… o lleva a Guatemala metida en el alma.

    ¡Qué de a huevo!

    • Expresión chapina que nace del puro sentimiento: admiración, sorpresa, alegría o celebración. Es la forma más nuestra de decir ¡qué increíble! pero con sabor a calle, a barrio y a vida real.
    • Se usa cuando algo te impresiona de verdad.

    Ejemplo:

    —Mirá mi carro nuevo.

    —¡Qué de a huevo está, vos!

    • Cuando va con más énfasis y la “a” se estira, cambia todo: se vuelve reclamo disfrazado de broma.

    Ejemplo:

    —Qué de aaaaa huevo… ahora querés que yo pague todo, ¿vaa?

    • Dicho con sonrisa, es apoyo.

    Ejemplo:

    —Mañana empiezo mi negocio.

    —¡Qué de a huevo mano, dale!

    • Dicho con nostalgia, es orgullo chapín: reconocer lo bonito sin necesidad de mas casaca.

    Ejemplo:

    —Mirá este amanecer en Atitlán.

    —Qué de a huevo… sólo Guate tiene esto.

    • También sirve para felicitar sin ceremonias.

    Ejemplo:

    —Mi hija ya se graduó.

    —¡Qué de a huevo cerote, te lo ganaste!

    • Y en su versión rápida —“a huevo”— significa aprobación inmediata; una afirmación chapina que no necesita explicación.

    Ejemplo:

    —¿Vamos por un atolito a las siete?

    —¡A huevo!

    • Si lo decís con cara seria, cambia por completo: se vuelve obligación ineludible.

    Ejemplo:

    —Hay que entregar esto hoy a huevo.

    • En resumen: esta expresión es el corazón del vocabulario chapín. Una palabra que comunica emoción, carácter y complicidad. Una palabra que no necesita traducción porque lleva nuestra esencia dentro: espontánea, honesta, alegre y directa.

    Chapín

    Aquí  arriba va el rostro de un verdadero chapín: el tuyo

    • Gentilicio coloquial de Guatemala, pero sobre todo, una manera de sentir la vida.
    • Chapín es el que crece entre risas de barrio y colegio, partidos de chamusca improvisados y aventuras que empiezan con un “vamos pues”. Es el que después del almuerzo se propone una chamusca; el que toma la burra para ir al trabajo o con los cuates; el que se va dentro del trafico, en paz, cantando una canción de Arjona.
    • Chapín es el que celebra con comida, canta con alma, recuerda con nostalgia y sueña con corazón gigante. El que se emociona cuando escucha una marimba en el extranjero, el que reconoce a otro chapín con una sola mirada, el que siente que Guatemala le habla aunque esté a miles de kilómetros.
    • Chapín es el que agradece, el que comparte, el que ayuda sin preguntar. El que dice “pasá adelante” aunque no tenga espacio; el que te invita atol aunque sólo haya para dos; el que te abraza fuerte porque sabe que la vida pesa, pero juntos pesa menos.
    • Chapín sos vos, soy yo, somos todos los que llevamos este país enraizado en el alma.

    Un abrazo para vos, hermano chapín, y donde sea que estés, seguro hoy pensás en lo bella que es Guate y en cómo vas a poner tu granito de arena en pro de nuestra tierra.

    —

    Texto y fotografías por JL Samayoa.

    Inspirado en el espíritu y la memoria continua de Nostalgia Guatemalteca, la colección de libros de Editorial Dbuk que honra el corazón de nuestro país.http://www.editorialdbuk.com

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  • Guatemala: donde el sabor cuenta… nuestra historia

    La gastronomía guatemalteca no es solo un conjunto de recetas. Es un puente vivo que conecta nuestro pasado con nuestro presente, un lazo que une a familias, comunidades y generaciones enteras. En cada plato se encuentran siglos de herencia, creatividad y tradición. Y es que comer en Guatemala no es solo alimentarse: es celebrar quiénes somos.

    En nuestras mesas conviven los colores profundos del maíz, la fuerza aromática de los recados, la sutileza de los dulces artesanales, el calor de los caldos y la magia de la comida callejera. Cada preparación tiene una historia, un origen y un propósito: recordar de dónde venimos y por qué nuestra cultura gastronómica es única en el mundo.

    La riqueza culinaria del país se debe, en gran parte, a la fusión entre la tradición milenaria maya y las influencias que se sumaron a lo largo de los siglos. Esa mezcla, llena de ingenio y sabor, dio vida a una cocina vibrante y profundamente auténtica. Aquí, los ingredientes no son simples elementos: son símbolos. El maíz, el cacao, los chiles, las hierbas, el coco, el tomate, el pescado, el pollo, el cerdo, la res, el achiote… cada uno cargado de memoria y mística.

    Guatemala es también un país donde la comida refleja la identidad de su gente: cálida, generosa, trabajadora, colorida. Nuestros mercados rebosan vida; nuestras cocinas son escenarios donde se transmiten conocimientos de abuelos a nietos; nuestras celebraciones giran alrededor de un plato humeante que reúne y reconcilia.

    Este recorrido gastronómico es una invitación a descubrir, con todos los sentidos despiertos, los sabores que definen a nuestra tierra. Una invitación a dejarse sorprender por la complejidad de cada receta y por la belleza de sus historias. A sentir en cada bocado el orgullo de un país que, aunque pequeño en territorio, es inmenso en cultura.

    Quien prueba la comida guatemalteca suele descubrir algo más que sabor: descubre alma. Descubre manos que han cocinado con amor durante generaciones; descubre técnicas heredadas de pueblos ancestrales; descubre la sensibilidad de una cocina hecha para compartir.

    Y así, plato a plato, Guatemala se revela como un destino culinario extraordinario. Desde los recados robustos que hablan de paciencia y tradición, hasta los platillos caribeños que nos llevan al ritmo y la frescura del mar. Desde la nobleza del maíz, hasta los antojitos que llenan las calles de aromas irresistibles.

    Cada receta guatemalteca es un retrato de nuestra historia.

    Cada sabor, un abrazo de nuestra tierra.

    Cada mesa, un recordatorio de que somos un país que se cuenta a sí mismo a través del paladar.

    Y hoy iniciamos este recorrido compartiendo la primera de muchas recetas que iremos presentando en los próximos días:

    El Tapado, uno de los platillos más representativos y queridos del Caribe guatemalteco.

    Un plato que une mar, coco, tradición garífuna e identidad en un solo abrazo de sabor. A continuación, encontrarás la receta completa del Tapado, tal como debe ser preparada y contada, para que puedas disfrutarla en tu casa y compartirla con los tuyos.

    Receta tomada del libro “Sabores de nuestros ancestros”, patrocinado por CMI, el cual puedes descargar de forma gratuita en el siguiente enlace:

    https://u.pcloud.link/publink/show?code=kZmiWg5ZXVfjfzb1wPjVFElBj2INPbvgu9KV

    El Tapado:

    Cuando pruebas este caldo por primera vez, no entiendes qué le está pasando a tu paladar y a tu mente, simplemente no te lo puedes creer, ya que esta combinación de sabores nunca los habías probado y tus sentidos de inmediato lo reconocen y por más que piensas y trates de adivinar, no lo logras descifrar. Cuando preguntas después de probar, de qué se trata ese sabor y te dicen que tiene leche de coco y plátanos, aparte de los mariscos, empiezas a entender el porqué de su sabor y realizas por qué es uno de los platillos más queridos por todos los guatemaltecos.

    Los mariscos y el toque dulce logran un sabor exótico y único. Las comunidades garífunas en el departamento de Izabal, sirven con orgullo este plato a turistas nacionales y extranjeros que se deleitan con la comida local y con toda la belleza de este mágico lugar. El sabor único del tapado es una explosión de sabores caribeños. Es un caldo cremoso y aromático, elaborado a base de leche de coco, que se cocina con variedad de mariscos, como pescado, camarones, cangrejos y almejas. A esto se le añaden plátanos verdes, yuca y otros vegetales, lo que le otorga una textura única y un sabor muy particular. Las especias como el cilantro, el achiote y el comino le dan ese toque especial que lo caracteriza… una delicia que nadie se debería perder.

    Pueblos como Livingston son famosos por su preparación del tapado, que se considera uno de los mejores del país y para las comunidades garífunas es parte de su identidad. La cultura garífuna se caracteriza por su música, danza, idioma y gastronomía, siendo el tapado uno de sus platos más representativos. Lo sirven en fiestas, bodas y reuniones familiares.

    Rogelio, uno de los entrevistados, es reconocido en Livingston como parte de una de las familias que sus ancestros han preparado el tapado por años. Él me comentó que su familia tiene más de 350 años de prepararlo, desde la isla de San Vicente Yurume (la Isla del despertar).

    Me contó la historia del origen del nombre, que es muy simpática ya que la población garífuna lo llama “tapou” porque al estar hirviendo en la olla, emite un sonido parecido a “tapou, tapou, tapou…” Los ladinos y mestizos que visitan la población garífuna, por razones de dicción y facilidad lo llaman tapado. Hay otra variedad de tapado que se llama “tikini” que en lugar de leche de coco usan agua y harina de trigo.

    Otros platos que acompañan al tapado como preparación del día a día, son el judutu (plátano machacado hecho puré que se remoja y se come con una caldereta de pescado), “rice&beans” (frijoles colorados más arroz, cocinado en leche de coco), las flitas (banano verde frito en aceite), jarabata (banano verde macerado asado en comal, que produce unas tortas sin grasa), darasa (tamales de banano verde, envueltos en hojas y hervido). Están también las alabúndigas (albóndigas de banano verde con leche de coco).

    Cuenta el entrevistado que según la tradición popular, los hombres jóvenes son fuertes y musculosos gracias a la ingesta del tapado y el judutu. De hecho hay porras cantadas por los jóvenes garífunas que dicen así: “El que quiere ganar a la buga que coma tapado y judutú”, ya que es la comida de la fortaleza.

    A mi parecer, es el mejor caldo o sopa que he probado alrededor del mundo y si tienes la oportunidad de visitar Izabal, no puedes dejar de probar el tapado. Es una experiencia culinaria única que te transportará a la rica cultura garífuna y te permitirá disfrutar de los sabores auténticos del Caribe guatemalteco.

    Receta

    Cantidad: 4 personas

    Dificultad: nivel 2 de 3

    Ingredientes

    ◆ 2 cabezas de pescado fresco

    ◆ 4 pescados enteros (mojarras) limpias y sin escamas

    ◆ 20 camarones

    ◆ 4 jaivas o cangrejos

    ◆ 1 lb de conchas

    ◆ 1 lb de jutes con los picos o puntas cortados

    ◆ 3 plátanos verdes pelados y cortados en rodajas

    ◆ 2 bananos verdes pelados y cortados en rodajas

    ◆ 2 latas de leche de coco

    ◆ 1 cebolla picada

    ◆ 2 dientes de ajo picados

    ◆ 2 hojas de laurel

    ◆ 2 ramitas de tomillo

    ◆ 2 tomates pelados y picados

    ◆ ½ chile pimiento picado

    ◆ 2 cucharadas de consomé de camarón

    ◆ 1 manojo de cilantro o zamat

    ◆ 1 cucharada de aceite de coco

    ◆ 1 cucharada de achiote

    ◆ Aceite vegetal

    ◆ sal y pimienta

    Procedimiento

    En una olla grande colocar 2 litros de agua y dejar hervir, agregar las cabezas de pescado, achiote, consomé y sal al gusto. Dejar hasta que las cabezas estén bien cocidas, retirar y reservar el caldo.

    En una olla grande agregar el aceite de coco, sofreír la cebolla y el ajo hasta que estén traslúcidos, agregar el tomate, chile pimiento, tomillo y laurel, sazonar con sal y pimienta y dejar cocinar hasta que salga líquido. Agregar las jaivas y camarones, cocinar por unos minutos, agregar la leche de coco, el caldo, el zamat, los plátanos, bananos, conchas y jutes, cocinar por 15 minutos. Comprobar sazón.

    Salpimentar los pescados y freír en suficiente aceite.

    A muchas personas les gusta pasar el Tapado en un plato hondo grande y a la par la mojarra frita. O también puede servir el caldo con la mojarra dentro.

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    Texto y fotografías por JL Samayoa

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  • 15 días entre volcanes, sonrisas, sabores y cultura.

    Soy un eterno enamorado de mi país, Guatemala. Y aunque, gracias a Dios, he tenido la dicha, como diría mi madre, de viajar y conocer muchos lugares del mundo, incluso después de haber vivido dos años sabáticos en la maravillosa ciudad de Barcelona, debo decir que Guatemala está, sin duda, en el top 10 mundial. Lo confirman viajeros experimentados, revistas internacionales de turismo y, por supuesto, el reconocimiento de La Antigua Guatemala como Patrimonio Cultural de la Humanidad.
    Solo porque la entidad que declaró a La Antigua como Patrimonio Cultural de la Humanidad no puede seguir declarando más lugares dentro del mismo país, ¡no lo ha hecho! 😂 Porque, sinceramente, Guatemala entera debería tener ese reconocimiento. No solo por el legado milenario de los mayas y sus más de treinta ciudades arqueológicas, sino también por sus textiles únicos, su gastronomía incomparable, su arte, su música, su historia viva y, sobre todo, por su gente maravillosa, siempre sonriente, solidaria y llena de luz. Guatemala es de esos lugares donde uno puede afirmar, con el corazón en la mano, que un buen viaje no se mide en kilómetros, sino en la cantidad de memorias que deja en el alma. Y eso, precisamente, es mi amada Guatemala.

    Después de recorrer Guatemala durante más de treinta años como fotógrafo publicitario, de haber editado más de sesenta libros dedicados a mi país y escrito varios sobre su gastronomía, intentaré compartir mi visión, y mi corazón, sobre el recorrido mágico que todo visitante debería vivir en quince días…

    La primera parada obligatoria es el Aeropuerto Internacional La Aurora, punto de partida de nuestro viaje mágico. Luego de pasar los controles de migración y aduana, y tras recibir la calurosa bienvenida del personal del INGUAT (Instituto Guatemalteco de Turismo), llegarás a la salida. Y ahí, justo en este momento, viene mis primeras recomendación, asumiendo, que planificaste este viaje con tiempo… porque si estás leyendo esto, seguramente ya soñabas con Guatemala desde hace meses.

    1- El noventa por ciento de los lugares en Guatemala aceptan tarjetas de crédito (en mercados, ventas de artesanías, comedores populares (Comida deliciosa), no aceptan TC). Si vienes de Europa, te recomiendo abrir una cuenta en bancos digitales como Revolut o N26, donde puedes crear fácilmente una cuenta en dólares y realizar pagos o retiros sin complicaciones. Si tienes una TC internacional, lo mejor es que te cobren en dólares.
    Si vienes de Estados Unidos o de cualquier otro país fuera de Europa, tu tarjeta de crédito convencional funcionará sin problema, incluso en los cajeros. De todos modos, siempre conviene cambiar una pequeña cantidad de dinero para tener quetzales en efectivo. No recomiendo usar dólares en comercios locales, ya que la mayoría los aceptará con un tipo de cambio muy desfavorable. Los euros, por su parte, prácticamente no se reciben.
    Evita retirar dinero en cajeros automáticos, pues las comisiones suelen ser muy altas. Mi recomendación, aunque te tome unos minutos más de tu viaje, es que te acerques a una agencia bancaria, como Banco Industrial o G&T Continental, donde con solo presentar tu pasaporte podrás cambiar la cantidad de dólares que desees de manera segura y al tipo de cambio oficial.


    2- En tu planificación, lo ideal es contactar con antelación a un guía turístico certificado, algo que el INGUAT (Instituto Guatemalteco de Turismo) puede ayudarte a gestionar, si no en la web puedes buscar. Ese guía podrá acompañarte durante todo tu recorrido, aunque no es indispensable si cuentas con un buen chofer que conozca bien Guatemala. Tener a alguien local al volante te permitirá disfrutar el viaje sin preocuparte por las rutas o el tráfico. Si prefieres manejar por tu cuenta, puedes alquilar un vehículo fácilmente desde la web o directamente en las oficinas de las principales empresas de renta, disponibles en el aeropuerto y en la ciudad.
    Lastimosamente, Guatemala aún no cuenta con metro ni trenes como los de Europa, por lo que los trayectos por carretera serán la esencia de tu viaje. No recomiendo utilizar los buses extraurbanos ni el transporte público para recorrer el país, ya que no ofrecen la comodidad que un viajero merece.


    3- Debido al intenso tráfico vehicular en la Ciudad de Guatemala, te recomiendo planificar tu llegada un viernes lo más temprano posible. Así podrás disfrutar de la capital con más calma el sábado y domingo, que son los días con menos congestión. Tenlo muy en cuenta: el tráfico entre semana puede ser realmente abrumador. Si necesitas desplazarte en esos días, las mejores horas para circular son entre las 10:00 a.m. y las 3:00 p.m.
    Nota: los lugares que menciono no están en orden y deberas de hacer tu plan de viaje, acorde a tus gustos.

     Día 1: Descubriendo la Ciudad de Guatemala (Guatemala City)
    Después de alojarte en un hotel en zona 10 o 14, recomiendo para el primer día conocer los siguientes lugares:


    -Palacio Nacional de la Cultura:
    Visita guiada, para ver los murales de Alfredo Gálvez Suárez y los salones históricos. Visitar el Palacio Nacional es adentrarse en la historia de la ciudad de Guatemala. Este imponente edificio, fue durante décadas el corazón político del país. En su interior, los murales narran, con fuerza y color, los episodios más importantes de la nación. Sus majestuosos vitrales, bañados por la luz natural, llenan los corredores de un resplandor que cambia a lo largo del día y resalta cada detalle de sus pasillos y salones. Recorrerlo con una visita guiada permite apreciar sus detalles arquitectónicos, sus patios llenos de luz y el emblemático “Kilómetro Cero”, punto desde donde se miden todas las distancias del territorio nacional. Es, sin duda, una de las joyas más simbólicas de la capital.


    -Catedral Metropolitana y Plaza de la Constitución:
    Perfecta para fotos y observar la vida cotidiana. Ubicada frente a la Plaza Central, la Catedral Metropolitana es uno de los edificios más emblemáticos del país. Su fachada y su interior sobrio reflejan más de dos siglos de historia y fe. La plaza que la rodea es el punto ideal para observar la vida cotidiana de la capital, entre vendedores, músicos y familias que llenan el lugar de color y movimiento.


    -Calle Real y Pasaje Rubio:
    Arte urbano, cafés, y librerías con alma. Un rincón ideal para caminar sin prisa y descubrir el arte urbano, pequeñas galerías, cafés acogedores y librerías con encanto. Es una zona que combina historia y modernidad, perfecta para disfrutar el ritmo auténtico de la ciudad.
    -Paseo por el Paseo de la Sexta: Es la avenida peatonal más famosa de la capital, llena de vida a cualquier hora del día. Entre músicos, artistas callejeros, tiendas y cafeterías, el Paseo de la Sexta ofrece una mirada cercana al día a día de los guatemaltecos y es perfecto para disfrutar una caminata segura y animada por el centro histórico.


    -Mercado de Artesanías (Zona 13):
    Ubicado a pocos minutos del aeropuerto, es el lugar perfecto para una última parada antes de partir. Aquí se encuentran textiles, jade, cerámica y recuerdos hechos a mano por artesanos de todo el país. Ideal para llevarse un pedazo de Guatemala en la maleta.

    Día 2: Descubriendo la Ciudad de Guatemala (Guatemala City)


    –Museo Ixchel del Traje Indígena y Museo Popol Vuh: (cerrado los domingos)
    Ambos se encuentran dentro de la Universidad Francisco Marroquín y ofrecen una mirada profunda a la identidad guatemalteca. El Museo Ixchel destaca por su colección de trajes típicos y textiles que muestran la riqueza cultural de los pueblos mayas, mientras que el Museo Popol Vuh alberga una de las mejores colecciones de arte prehispánico y colonial del país. Una visita imprescindible para quienes desean entender el alma y la historia de Guatemala, su arte, cultura y arqueología de primer nivel.


    -Centro comercial Oakland Mall y Cento comercial Cayala:
    Dos de los espacios más modernos y atractivos de la capital. Oakland Mall (zona 10) combina tiendas internacionales, restaurantes elegantes y un ambiente cómodo para descansar después de recorrer la ciudad. Ciudad Cayalá (zona 16), con su arquitectura inspirada en una pequeña villa europea, ofrece plazas abiertas, cafés al aire libre y boutiques locales. Ambos son lugares ideales para disfrutar del lado contemporáneo de Guatemala City.


    Dia 3, 4, 5 y 6. Tikal, la Isla de Flores y El Mirador. Tras las huellas de los mayas .


    -Día 3: Llegada a Flores
    El viaje continúa con un vuelo de una hora desde la Ciudad de Guatemala hacia Flores, en el departamento del Petén. Al descender del avión, el visitante siente el cambio inmediato de clima: un aire cálido, húmedo y tranquilo anuncia la entrada al mundo verde del norte. La Isla de Flores, unida al continente por un pequeño puente, conserva el encanto de los pueblos que viven al ritmo del agua. Sus calles empedradas, casas de colores y vistas al lago Petén Itzá crean una atmósfera serena y acogedora. Es un lugar perfecto para caminar sin prisa, descubrir tiendas de artesanías, tomar un café con vista al lago o disfrutar una cena al atardecer mientras las luces del pueblo se reflejan sobre el agua.


    -Día 4: Tikal, la ciudad eterna (Patrimonio de la Humanidad)
    Ver Tikal por primera vez te quita el aliento, te deja sin palabras y te llena de una paz difícil de describir. Te recomiendo llegar lo más temprano posible, cuando el sol apenas comienza a filtrarse entre los árboles y el canto de las aves despierta la selva. En medio de la selva tropical, los templos se elevan entre los árboles, recordando el esplendor de una de las civilizaciones más fascinantes del mundo antiguo. El ascenso al Templo IV ofrece una de las vistas más impresionantes: una alfombra infinita de selva con las puntas de las pirámides emergiendo entre la neblina. Durante el recorrido, se visitan las plazas ceremoniales, los complejos residenciales y los senderos donde tucanes, coatíes y monos aulladores acompañan la caminata. Al finalizar el día el regreso a Flores invita al descanso, con una cena tranquila frente al lago y la satisfacción de haber tocado la historia viva del mundo maya.


    -Día 5: El Mirador desde el cielo
    Si puedes hacerlo, te recomiendo de todo corazón que hagas el esfuerzo por visitar El Mirador en helicóptero. Es una experiencia única que vale cada minuto y cada centavo. Lo ideal es coordinar para que te dejen unas horas en el sitio y luego regresen por ti. Mi amigo Juan Carlos F., gran conocedor del lugar, me sugirió contactar al tour “Tikal Go”, que organiza este tipo de vuelos y visitas guiadas con toda la seguridad y logística necesaria.
    Desde el aire, la selva parece no tener fin, un mar verde que esconde siglos de historia. Y en medio de esa inmensidad aparece La Danta, la pirámide considerada, por su volumen, la más grande del mundo. Estar frente a ella, rodeado de silencio y naturaleza pura, produce una sensación difícil de describir. Todo en El Mirador es majestuoso: su escala, su aislamiento y su energía. Es un sitio que conecta con lo más profundo de la historia maya y deja en el visitante una huella que no se olvida, al igual que Tikal, Atitlán o La Antigua.


    -Día 6: Regreso y calma junto al lago
    Después de la emoción y la grandeza de El Mirador, este día está hecho para bajar el ritmo y disfrutar la serenidad de Flores. Un paseo temprano por la isla permite apreciar su vida cotidiana: los pescadores que preparan sus lanchas, los niños que caminan hacia la escuela y el reflejo de las casas de colores sobre el agua. Es un lugar que invita a respirar despacio y simplemente estar. Puedes almorzar frente al lago o sentarte a tomar un café mientras el viento mueve suavemente el agua y te acompaña.
    El viaje de regreso desde Flores hacia La Antigua marca un cambio de paisaje y de ritmo. El vuelo a la capital dura apenas una hora, y desde el aeropuerto, el trayecto por carretera hacia La Antigua toma alrededor de otra hora más. Al llegar, las calles empedradas y las fachadas coloniales anuncian un nuevo capítulo del viaje, donde la historia y la calma se mezclan en perfecta armonía.


    -Día 7: Llegada a La Antigua Guatemala
    Al llegar a La Antigua, el viajero entra en un mundo distinto, donde el tiempo parece haberse detenido. Las calles empedradas, las ruinas coloniales cubiertas de buganvilias y las fachadas color ocre reciben con una serenidad incomparable. Caminar sin rumbo por la ciudad es la mejor forma de conocerla: el Arco de Santa Catalina, la Catedral, el Parque Central y los conventos de Capuchinas y La Merced revelan el esplendor de una época que aún respira. Al caer la tarde, los volcanes que rodean la ciudad se tiñen de oro, y la cena en un restaurante con terraza ofrece una de las vistas más bellas de Guatemala. La Antigua tiene aproximadamente 4 x 4 kilómetros y se recorre fácilmente a pie en pocas horas… caminar por sus calles es una experiencia maravillosa. (Si vienes a La Antigua en Semana Santa…es otro tema que hay que hablar mas a detalle)


    -Día 8: Arte, café y tradición
    El día comienza con un desayuno chapín entre flores y pájaros, seguido de una visita a una finca de café cercana, donde se aprende sobre el proceso artesanal que ha dado fama mundial al café guatemalteco. Más tarde, se puede recorrer alguna galería de arte o taller de jade, y detenerse en los mercados de artesanías donde los tejidos mayas destacan por su color y detalle. Por la tarde, una caminata hasta el Cerro de la Cruz permite contemplar desde lo alto el trazado colonial de la ciudad, con los volcanes de Agua, Fuego y Acatenango en el horizonte. La noche invita a una cena a la luz de las velas y una copa de vino bajo el cielo despejado de Antigua.


    -Día 9: Experiencias y despedida
    El último día está pensado para disfrutar Antigua sin prisas. Un recorrido por el mercado local, una visita al Museo del Chocolate o una clase corta de cocina guatemalteca completan la experiencia cultural. También puede ser el momento ideal para visitar una alfarería o tienda de diseño local, donde los artesanos combinan tradición y modernidad con gran talento. Antes de partir, un café frente al Parque Central invita a contemplar por última vez la vida tranquila de esta ciudad, donde cada esquina guarda una historia. Es el cierre perfecto para un viaje que unió historia, naturaleza y alma, dejando en el corazón la sensación de haber descubierto la esencia más pura de Guatemala.


    -Día 10: Llegada al lago de Atitlán
    El viaje desde La Antigua hacia Atitlán (1 hora y media) es un recorrido entre montañas, valles y cafetales que anticipa la belleza del destino. Al llegar, el primer encuentro con el lago deja sin palabras y mas… nunca has visto algo similar. Rodeado por los volcanes Tolimán, Atitlán y San Pedro, el paisaje parece un espejo perfecto del cielo. Puedes llegar a Panajachel, uno de los pueblos mas conocidos y este primer día es para llegar y respirar: caminar por el muelle, escuchar el sonido del agua y ver cómo el sol se oculta detrás de los volcanes mientras el cielo se tiñe de tonos rosados. La cena junto al lago, bajo las luces reflejadas en el agua, es una experiencia de paz absoluta. En Panajachel hay muy buenos hoteles.

    -Día 11: Los pueblos del lago
    Este día está dedicado a conocer los pueblos que rodean Atitlán, cada uno con su identidad y tradiciones. San Juan La Laguna destaca por sus cooperativas de arte y sus tejidos naturales teñidos con plantas, donde las mujeres mayas trabajan con orgullo y maestría. En Santiago Atitlán, la devoción y la historia se mezclan en cada calle, entre máscaras talladas, iglesias antiguas y la figura mítica de Maximón. Panajachel, más animado, ofrece mercados llenos de color, tiendas artesanales y cafés frente al lago. Tomar una lancha y moverse entre los pueblos es vivir la esencia del lugar: diversidad, calma y autenticidad. Al caer la tarde, un café en una terraza de Panajachel o una copa de vino en San Marcos cierra el día con la serenidad que solo Atitlán puede regalar. También puedes visitar Santa Catarina Palopo… un pueblo soñado! En el pueblo que estes, no dejes de buscar a los pescadores y disfrutar de el ir y venir de las redes!


    -Día 12: Naturaleza y despedida
    El último día invita a disfrutar de la naturaleza con calma. Un amanecer desde el muelle o una caminata corta hasta el Mirador del Rostro Maya permite ver el lago en toda su quietud. Quienes prefieren algo más activo pueden remar en kayak al amanecer o visitar una finca de café en las laderas del volcán. El almuerzo frente al lago se convierte en un ritual de agradecimiento, una pausa para absorber la energía del entorno antes de partir. Atitlán no se olvida: su belleza queda grabada en la memoria como una promesa de regresar.
    Moverte en lancha entre los pueblos del lago es una forma práctica y agradable de recorrer Atitlán. Los trayectos son relativamente cortos y ofrecen vistas espectaculares, pero ten en cuenta que el famoso viento Xocomil comienza alrededor de las 5 de la tarde y puede ser bastante fuerte. En ese horario no se recomienda navegar, a menos que tengas buen estómago y estés acostumbrado al movimiento del agua. Y algo muy importante: usa siempre chaleco salvavidas al subirte a una lancha, sin importar lo corto que sea el recorrido.

    (Dejo dos días libres para tener flexibilidad en los traslados y posibles ajustes del recorrido)

    -Adicional:
    Si cuentas con un par de días adicionales, vale la pena visitar Semuc Champey, uno de los lugares naturales más impresionantes de Guatemala. Desde la Ciudad de Guatemala, el viaje por carretera dura entre 7 y 8 horas, mientras que desde Petén toma alrededor de 6. El camino es largo y con tramos de montaña, por lo que recomiendo hacerlo con un chofer o guía turístico para viajar con mayor comodidad y seguridad. Si prefieres manejar por tu cuenta, también puedes hacerlo en un carro alquilado, idealmente con tracción 4×4.

    –Semuc Champey es un paraíso escondido en medio de la selva: una serie de pozas naturales de color turquesa formadas sobre un puente de piedra caliza bajo el cual corre un río subterráneo. Puedes nadar, relajarte en el agua o subir al mirador para contemplar una de las vistas más mágicas de Guatemala. Es un lugar perfecto para pasar el día y regresar el mismo día, aunque deberás levantarte muy temprano y planificar bien tu recorrido para aprovechar al máximo la visita.

    Fotografía: Juan Carlos Menéndez

    Si prefieres hacer el viaje con más calma, puedes quedarte una noche en alguno de los hoteles cercanos al parque, rodeados de naturaleza y con vistas espectaculares. Algunas buenas opciones son El Portal de Semuc Champey, que está a pocos pasos de las pozas y ofrece cabañas rústicas con ambiente ecológico, o Utopia Eco Hotel, un hospedaje sostenible con senderos, restaurante y un mirador natural al río. Ambas alternativas te permitirán descansar, disfrutar del entorno y vivir la experiencia completa con tranquilidad.

    -Anexo: Gastronomía
    Hablar de Guatemala sin hablar de su gastronomía algo impensable. Cada región del país tiene su alma en la mesa, y en este anexo compartiré los platillos más representativos que todo visitante debería probar durante su recorrido.

    No se trata solo de comer, sino de saborear la historia y la identidad de un pueblo que ha hecho de su cocina un arte vivo. Desde la riqueza ancestral del pepián, el kak’ik y los tamales mayas, hasta la frescura de los ceviches del Caribe y los postres coloniales de Antigua, la comida guatemalteca es un viaje dentro del viaje. Aquí encontrarás qué pedir en cada destino, los lugares donde mejor se prepara y algunas joyas escondidas que solo los locales conocen. Porque descubrir Guatemala también es hacerlo bocado a bocado.

    Seguido te dejo un enlace para que descargues el más reciente de mis libros dedicados a la gastronomía de Guatemala.

    https://www.editorialdbuk.com/copy-of-hecho-en-guatemala-empresas

    Mi recomendación es que, en cada lugar que visites, te tomes el tiempo de probar los platillos típicos de la región y le des una hojeada al libro para conocer un poco más sobre nuestra cocina y sus orígenes. Además del enlace al libro, encontrarás los nombres y vínculos de algunos restaurantes recomendados, la página oficial del INGUAT y la información de varios tour operadores. También incluyo los contactos de dos grandes amigos, Billy y Panchito, a quienes conocí durante mis años como fotógrafo publicitario. Ambos son choferes profesionales con amplia experiencia y un profundo conocimiento de las rutas y destinos más bellos de Guatemala.


    Anexos:
    En esta sección encontrarás enlaces útiles para planificar mejor tu viaje: páginas oficiales de los destinos mencionados, recomendaciones de restaurantes, información del INGUAT, tours y contactos de apoyo para transporte y excursiones. Todo lo necesario para que tu recorrido por Guatemala sea más fácil, seguro y completo.
    -Enlaces digitales:

    -Descarga del libro digital “sabores de nuestros ancestros” : https://www.editorialdbuk.com/copy-of-hecho-en-guatemala-empresas

    -INGUAT: https://inguat.gob.gt/es/

    -Chofer VIP: Billy Bawer: +502 5511 1335

    -Tour Operador: https://tikalgo.com/

    -eSIM: Te recomiendo contratar un eSIM antes de salir de tu país, ya sea con tu banco o con una empresa internacional reconocida. Contar con conexión a internet durante todo el viaje es indispensable hoy en día, tanto para usar mapas y aplicaciones como para mantenerte comunicado y hacer reservaciones con facilidad.


    Restaurantes en la capital:


    -Saul E. Mendez: https://gt.saulemendez.com/buen-provecho/?gad_source=1&gad_campaignid=23198367540&gbraid=0AAAAACA9dz6BNH5gtsJHrQ1aHz5yZdN1C&gclid=EAIaIQobChMI6tuY6fLdkAMVaqlaBR1ZxzWHEAAYASAAEgJz5vD_BwE#utm_source=Search_Google&utm_medium=Tr%C3%A1fico&utm_campaign=AON_GT&utm_id=SaulBistro


    -Montanos: https://www.instagram.com/montanosgt/?hl=es


    -Le Café: https://www.lecafeguatemala.com/?gad_source=1&gad_campaignid=2081998076&gbraid=0AAAAACr6JZ77XACkO2M1hvMjmb55_Xv2r&gclid=EAIaIQobChMIq9ir5vPdkAMVxq5aBR0JtQQ3EAAYASAAEgK9ffD_BwE


    -Don Emiliano:https://www.instagram.com/donemiliano.gt/?hl=es


    -Ambia: https://ambia.com.gt/

    Restaurantes en La Antigua Guatemala:

    – El Tenedor del cerro: https://www.casasantodomingo.com.gt/es/gastronomia/el-tenedor-del-cerro

    -Casa Sto. Domingo: https://www.casasantodomingo.com.gt/es

    -Fridas: https://restaurantefridas.com

    -Las tres amigas: https://www.lastresamigas.com/location

    -Los Tres Tiempos: https://www.lostrestiempos.com/?gad_source=1&gad_campaignid=21634461117&gbraid=0AAAAApxgKX8fE-nwmT24tBCAN_JBKo4VP&gclid=CjwKCAiA8bvIBhBJEiwAu5ayrDotxlEoFAD4pViej2OaPa4uri2Mzyc-wFjjdXvfePXJllf4jancNRoCESQQAvD_BwE

    -Casa Escobar: https://casaescobar.com.gt

    -Mono Loco: https://www.restaurantemonoloco.com

    Hoteles en Altitlán:

    –https://www.hotelatitlan.com

    –https://www.casapalopo.com/es/


    Si tienes alguna duda o necesitas una recomendación más personalizada, puedes escribirme con toda confianza. Será un verdadero placer ayudarte y orientarte para que tu viaje por Guatemala sea una experiencia inolvidable. Puedes contactarme al correo: fefe2810@yahoo.com


  • Ser Chapin, incluso en el tráfico

    Después de dos años de vivir en España, me di cuenta de algo que no entendía hasta ahora: no puedo estar sin mi amada Guatemala. Como dicen muchas personas, con esa sabiduría tan chapina, “no me hayo”. Y sí, eso fue exactamente lo que sentí. Es difícil explicar esa expresión, pero para mí es una mezcla de nostalgia, vacío, desesperación y ese llamado profundo que te hace tu tierra. Por años había escuchado esa frase sin darle mucha importancia, pero solo cuando uno vive lejos comprende su verdadero significado.

    Nos pasa a muchos chapines: salimos buscando justicia, seguridad, un nuevo inicio… un lugar donde podamos crecer más. Pero en el camino, descubrimos que nada reemplaza el calor de nuestra gente, el olor a lluvia sobre la tierra, el clima, nuestros paisajes, el abrazo de lo nuestro… a y nuestro maravilloso servicio al cliente (sí es muy bueno). Yo me fui de Guatemala después de criticarla mucho, buscando nuevos rumbos y negocios; hoy, con humildad, puedo decir que aprendí a amarla más que nunca…

    Somos miles los que nos vamos y luego regresamos, porque en el fondo sabemos que no hay como nuestra Guate. Otros nunca se fueron porque siempre tuvieron claro que no hay lugar como este país. Son los que han viajado por el mundo, han visto de todo y aun así saben que aquí está su corazón. Por años me pregunté cómo fulanito o menganito, con tanto recurso y tantas opciones, decidían quedarse. Hoy lo entiendo. Tuve que vivirlo en carne propia, irme y descubrir que nada llena ese vacío de estar lejos de donde uno pertenece, aparte de que Guate es un maravilloso país, lleno de mucha gente maravillosa.

    Una de las cosas que más me dio alivio al irme fue escapar del caos vial que vivíamos hace dos años. Pero hoy, eso ya se volvió una locura total. ¿Cómo es posible que aceptemos vivir atrapados en un tráfico que nos roba tiempo, salud y dinero, y que al final termina afectando al país entero? No entiendo cómo llegamos a este punto, pero sé que no fue de la noche a la mañana. Es el resultado de muchos años, de muchos errores y de muchos irresponsables. Y sí, también de nosotros, los ciudadanos, que por comodidad, miedo o resignación dejamos que todo siga avanzando al ritmo de la mediocridad y la corrupción.

    Esto es puro sentido común. Si un empresario o junta directiva, contrata a un gerente general para dirigir su empresa y ese gerente no arma un buen equipo o no hace los cambios necesarios, se nota rápido. A los pocos meses, si no da resultados, se le despide, así de simple. Y si además comete actos deshonestos, para afuera de inmediato. A menos, claro, que haya algún tipo de amistad o arreglo con quienes lo contrataron… y ahí es donde empieza el problema.

    A mi manera de ver, eso mismo nos pasa como país. Nosotros, los ciudadanos, somos la junta directiva de Guatemala. Nos toca exigir resultados, pedir transparencia y actuar como dueños responsables de esta gran empresa llamada nación. Porque los malos, esos que se benefician del desorden, nunca van a exigir nada. Prefieren el libertinaje, la trampa y el caos. Entonces, ¿qué nos pasa a los buenos?

    Vivimos atrapados en un tránsito que parece un castigo, que nos impide hasta planear el día o disfrutar un fin de semana. Y mientras tanto, caemos en el juego de los mismos de siempre: los que nos mienten, los que prometen soluciones y no hacen nada, los que culpan a otros por su propia incapacidad. En lugar de asumir responsabilidades o renunciar por dignidad, siguen ahí, burlándose del país entero. Y nosotros, muchas veces, callamos. Nos acomodamos. Decimos “yo mejor me dedico a lo mío”, como me dijo un amigo empresario hace poco. Y sí, tiene razón… pero ¿hasta cuándo diremos todos lo mismo? Si seguimos así, el país colapsará bajo su propio peso, sin transporte, sin vías adecuadas, sin orden; ningún país avanza. Y lo peor es que quizás estamos a punto de llegar a un punto de no retorno.

    Hace unos días viví un caso que me hizo pensar mucho. Un amigo tenía un terreno con un problema que afectaba a toda una vecindad. Por años, nadie hizo nada. Cada vecino jalaba para su lado, otros ni sabían del tema, y el problema seguía igual. Hasta que uno de ellos tomó el liderazgo. Se reunió con todos, explicó la situación, y en un mes resolvieron lo que no habían logrado en cinco años. Solo hizo falta una cosa: liderazgo.

    Con el tránsito pasa igual. La solución está ahí, frente a nosotros. Solo falta alguien que tenga la visión, el carácter y la decisión de hacer lo que debe hacerse. Si no hay liderazgo en las instituciones que les corresponde actuar, hay muchos guatemaltecos capaces de hacerlo. Solo hace falta uno que diga, como en el famoso eslogan de Nike: Just do it.

    Hemos visto mil veces escenas que se repiten cada día en nuestras calles: gente buena, trabajadora, chapines sencillos que se levantan con pasión a ganarse la vida. Personas que, después de tres o cuatro horas atrapadas en el tráfico, terminan perdiendo la paciencia, no por falta de educación o inteligencia emocional, sino porque simplemente ya no pueden más. Nos pasa a todos. Se nos cruza un motorista imprudente o alguien desesperado y… “se nos cruza el cable”. Y claro, vienen las consecuencias. 

    Pero, ¿quién es el verdadero responsable? ¿Ese motorista que también lleva tres horas sin moverse? ¿O uno mismo, que mide su día según cuántas veces tuvo que parar para orinar en medio del tráfico, porque no hay ni dónde orillarse? Yo mismo lo he vivido: tener que pasarme al asiento de atrás, arrodillarme y usar el frasco de vidrio que llevo guardado solo para eso. Y no es chiste. 

    Mi realidad chapina en pleno tráfico: mi frasco de emergencia. Porque cuando el país no avanza, uno tiene que ingeniárselas para sobrevivir…

    Una amiga incluso tuvo que hacer sus necesidades (número 2) frente a sus hijos, en pleno centro del columpio de Vista Hermosa, porque no había otro lugar. ¿Qué clase de país permite eso? ¿Cuánto nos cuesta este caos? Más de un millón de guatemaltecos atrapados cada día, perdiendo entre cuatro y seis horas de vida, gasolina, repuestos, aceite… y lo peor salud mental y física. ¿Cuánto vale el desgaste de nuestras espaldas, de nuestros nervios, de nuestros músculos? 

    Guatemala, el país de la eterna primavera… convertido por la corrupción, la negligencia y la indiferencia en el país del eterno desastre vehicular.

    Y aun así, con todo lo que vivimos, sigo creyendo profundamente en Guatemala. Porque este país no está hecho solo de políticos ni de sistemas quebrados: está hecho de nosotros, los chapines que soñamos, trabajamos y amamos con el alma. Somos un pueblo noble, creativo, innovador, trabajador, que ha sabido levantarse una y otra vez, aunque nos hayan quitado tanto.

    Guatemala no necesita milagros, necesita guatemaltecos despiertos. Gente que deje de decir “alguien debería hacerlo” y empiece a decir “yo puedo hacerlo”. Porque al final, los cambios no vienen de arriba: nacen en la conciencia de los que ya no toleran ver cómo su país se hunde y deciden actuar con amor, con ética y con fe.

    Yo creo en el día en que volvamos a sonreír en el tráfico porque sabemos que el camino, aunque largo, por fin está avanzando. Creo en la nueva generación que ya no repite las viejas mañas. Creo en los chapines honestos, en los que trabajan sin hacer ruido, en los que no se rinden.

    Por eso escribo esto, porque quiero verla despertar, florecer y brillar como el país que siempre debió ser: el país de la eterna primavera… y del eterno renacer, el país con orden, el país que reclama las cosas de sentido común🇬🇹

    Ser chapín no es solo nacer en esta tierra, es tener el corazón bien puesto, las manos trabajadoras y la esperanza terca. Es esa fuerza que no se apaga ni en el tráfico ni en la crisis, ni en el dolor… chapín es: 

    Coloquialmente el gentilicio de Guatemala.

    Chapín es la persona que después de almuerzo se organiza para jugar una chamusca; que toma la burra para ir al chance; que de ishto iba a barranquear sin permiso y luego se le armaba un gran clavo con los papás. ¡Así es un chapín! El que le hace huevos a la adversidad, el que se masca con la gente que sólo busca hacerle daño a Guate, el que a pesar de los obstáculos sale adelante porque es bien buzo.

    Un abrazo para ti, hermano chapín, porque seguramente donde sea que estés, todas las mañanas te levantas a luchar por lo que amas

    Extracto del libro “Nostalgia Guatemalteca”. 

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