Después de dos años de vivir en España, me di cuenta de algo que no entendía hasta ahora: no puedo estar sin mi amada Guatemala. Como dicen muchas personas, con esa sabiduría tan chapina, “no me hayo”. Y sí, eso fue exactamente lo que sentí. Es difícil explicar esa expresión, pero para mí es una mezcla de nostalgia, vacío, desesperación y ese llamado profundo que te hace tu tierra. Por años había escuchado esa frase sin darle mucha importancia, pero solo cuando uno vive lejos comprende su verdadero significado.
Nos pasa a muchos chapines: salimos buscando justicia, seguridad, un nuevo inicio… un lugar donde podamos crecer más. Pero en el camino, descubrimos que nada reemplaza el calor de nuestra gente, el olor a lluvia sobre la tierra, el clima, nuestros paisajes, el abrazo de lo nuestro… a y nuestro maravilloso servicio al cliente (sí es muy bueno). Yo me fui de Guatemala después de criticarla mucho, buscando nuevos rumbos y negocios; hoy, con humildad, puedo decir que aprendí a amarla más que nunca…

Somos miles los que nos vamos y luego regresamos, porque en el fondo sabemos que no hay como nuestra Guate. Otros nunca se fueron porque siempre tuvieron claro que no hay lugar como este país. Son los que han viajado por el mundo, han visto de todo y aun así saben que aquí está su corazón. Por años me pregunté cómo fulanito o menganito, con tanto recurso y tantas opciones, decidían quedarse. Hoy lo entiendo. Tuve que vivirlo en carne propia, irme y descubrir que nada llena ese vacío de estar lejos de donde uno pertenece, aparte de que Guate es un maravilloso país, lleno de mucha gente maravillosa.
Una de las cosas que más me dio alivio al irme fue escapar del caos vial que vivíamos hace dos años. Pero hoy, eso ya se volvió una locura total. ¿Cómo es posible que aceptemos vivir atrapados en un tráfico que nos roba tiempo, salud y dinero, y que al final termina afectando al país entero? No entiendo cómo llegamos a este punto, pero sé que no fue de la noche a la mañana. Es el resultado de muchos años, de muchos errores y de muchos irresponsables. Y sí, también de nosotros, los ciudadanos, que por comodidad, miedo o resignación dejamos que todo siga avanzando al ritmo de la mediocridad y la corrupción.

Esto es puro sentido común. Si un empresario o junta directiva, contrata a un gerente general para dirigir su empresa y ese gerente no arma un buen equipo o no hace los cambios necesarios, se nota rápido. A los pocos meses, si no da resultados, se le despide, así de simple. Y si además comete actos deshonestos, para afuera de inmediato. A menos, claro, que haya algún tipo de amistad o arreglo con quienes lo contrataron… y ahí es donde empieza el problema.
A mi manera de ver, eso mismo nos pasa como país. Nosotros, los ciudadanos, somos la junta directiva de Guatemala. Nos toca exigir resultados, pedir transparencia y actuar como dueños responsables de esta gran empresa llamada nación. Porque los malos, esos que se benefician del desorden, nunca van a exigir nada. Prefieren el libertinaje, la trampa y el caos. Entonces, ¿qué nos pasa a los buenos?
Vivimos atrapados en un tránsito que parece un castigo, que nos impide hasta planear el día o disfrutar un fin de semana. Y mientras tanto, caemos en el juego de los mismos de siempre: los que nos mienten, los que prometen soluciones y no hacen nada, los que culpan a otros por su propia incapacidad. En lugar de asumir responsabilidades o renunciar por dignidad, siguen ahí, burlándose del país entero. Y nosotros, muchas veces, callamos. Nos acomodamos. Decimos “yo mejor me dedico a lo mío”, como me dijo un amigo empresario hace poco. Y sí, tiene razón… pero ¿hasta cuándo diremos todos lo mismo? Si seguimos así, el país colapsará bajo su propio peso, sin transporte, sin vías adecuadas, sin orden; ningún país avanza. Y lo peor es que quizás estamos a punto de llegar a un punto de no retorno.
Hace unos días viví un caso que me hizo pensar mucho. Un amigo tenía un terreno con un problema que afectaba a toda una vecindad. Por años, nadie hizo nada. Cada vecino jalaba para su lado, otros ni sabían del tema, y el problema seguía igual. Hasta que uno de ellos tomó el liderazgo. Se reunió con todos, explicó la situación, y en un mes resolvieron lo que no habían logrado en cinco años. Solo hizo falta una cosa: liderazgo.
Con el tránsito pasa igual. La solución está ahí, frente a nosotros. Solo falta alguien que tenga la visión, el carácter y la decisión de hacer lo que debe hacerse. Si no hay liderazgo en las instituciones que les corresponde actuar, hay muchos guatemaltecos capaces de hacerlo. Solo hace falta uno que diga, como en el famoso eslogan de Nike: Just do it.
Hemos visto mil veces escenas que se repiten cada día en nuestras calles: gente buena, trabajadora, chapines sencillos que se levantan con pasión a ganarse la vida. Personas que, después de tres o cuatro horas atrapadas en el tráfico, terminan perdiendo la paciencia, no por falta de educación o inteligencia emocional, sino porque simplemente ya no pueden más. Nos pasa a todos. Se nos cruza un motorista imprudente o alguien desesperado y… “se nos cruza el cable”. Y claro, vienen las consecuencias.
Pero, ¿quién es el verdadero responsable? ¿Ese motorista que también lleva tres horas sin moverse? ¿O uno mismo, que mide su día según cuántas veces tuvo que parar para orinar en medio del tráfico, porque no hay ni dónde orillarse? Yo mismo lo he vivido: tener que pasarme al asiento de atrás, arrodillarme y usar el frasco de vidrio que llevo guardado solo para eso. Y no es chiste.

Mi realidad chapina en pleno tráfico: mi frasco de emergencia. Porque cuando el país no avanza, uno tiene que ingeniárselas para sobrevivir…
Una amiga incluso tuvo que hacer sus necesidades (número 2) frente a sus hijos, en pleno centro del columpio de Vista Hermosa, porque no había otro lugar. ¿Qué clase de país permite eso? ¿Cuánto nos cuesta este caos? Más de un millón de guatemaltecos atrapados cada día, perdiendo entre cuatro y seis horas de vida, gasolina, repuestos, aceite… y lo peor salud mental y física. ¿Cuánto vale el desgaste de nuestras espaldas, de nuestros nervios, de nuestros músculos?
Guatemala, el país de la eterna primavera… convertido por la corrupción, la negligencia y la indiferencia en el país del eterno desastre vehicular.
Y aun así, con todo lo que vivimos, sigo creyendo profundamente en Guatemala. Porque este país no está hecho solo de políticos ni de sistemas quebrados: está hecho de nosotros, los chapines que soñamos, trabajamos y amamos con el alma. Somos un pueblo noble, creativo, innovador, trabajador, que ha sabido levantarse una y otra vez, aunque nos hayan quitado tanto.
Guatemala no necesita milagros, necesita guatemaltecos despiertos. Gente que deje de decir “alguien debería hacerlo” y empiece a decir “yo puedo hacerlo”. Porque al final, los cambios no vienen de arriba: nacen en la conciencia de los que ya no toleran ver cómo su país se hunde y deciden actuar con amor, con ética y con fe.
Yo creo en el día en que volvamos a sonreír en el tráfico porque sabemos que el camino, aunque largo, por fin está avanzando. Creo en la nueva generación que ya no repite las viejas mañas. Creo en los chapines honestos, en los que trabajan sin hacer ruido, en los que no se rinden.
Por eso escribo esto, porque quiero verla despertar, florecer y brillar como el país que siempre debió ser: el país de la eterna primavera… y del eterno renacer, el país con orden, el país que reclama las cosas de sentido común🇬🇹
Ser chapín no es solo nacer en esta tierra, es tener el corazón bien puesto, las manos trabajadoras y la esperanza terca. Es esa fuerza que no se apaga ni en el tráfico ni en la crisis, ni en el dolor… chapín es:
Coloquialmente el gentilicio de Guatemala.
Chapín es la persona que después de almuerzo se organiza para jugar una chamusca; que toma la burra para ir al chance; que de ishto iba a barranquear sin permiso y luego se le armaba un gran clavo con los papás. ¡Así es un chapín! El que le hace huevos a la adversidad, el que se masca con la gente que sólo busca hacerle daño a Guate, el que a pesar de los obstáculos sale adelante porque es bien buzo.
Un abrazo para ti, hermano chapín, porque seguramente donde sea que estés, todas las mañanas te levantas a luchar por lo que amas

Extracto del libro “Nostalgia Guatemalteca”.
—————————————————————
Deja un comentario