Durante mis más de 30 años como fotógrafo publicitario de alimentos, me ha tocado vivir un sinfín de experiencias de todo tipo. He visto pasar cambios en el mercado, en la tecnología, en los clientes, en las empresas —con personas que entran y salen— y, sobre todo, he tenido la dicha de conocer gente maravillosa… y también otra no tan maravillosa, como pasa en la vida y en cualquier medio. Serian incontables la cantidad de anécdotas que podrían contar… y esta es la primera de muchas que iré escribiendo en mi blog.
Me tocó hacer producciones gigantes y complicadas, y otras muy sencillas. Producciones en las que en una hora ya tenía las fotos listas y el cliente se iba feliz… y otras en las que una sola fotografía me llevó más de ocho horas. Recuerdo una en particular: el cliente más complicado que tuve llegó al estudio a las 8 de la mañana, y a las 3 de la tarde se fue directo al aeropuerto porque tenía que viajar a Honduras. Cuatro horas después, ya en Honduras, seguimos la sesión por videoconferencia. A las 11 de la noche, finalmente, aprobó la fotografía.
En resumen, he visto de todo. Pero lo que más me impresiona, incluso después de haberme retirado de este mundo publicitario hace dos años, es el cambio que se viene —un cambio que marcará no solo a la fotografía, sino a muchos gremios en todo el mundo—: la llegada y el avance de la inteligencia artificial.